Solo el 28.3% aprueba la gestión de Keiko: cayó 14.5%

Solo el 28,3% aprueba la gestión de Keiko Fujimori. Su respaldo cayó 14,5 puntos porcentuales en un mes, mientras la desaprobación alcanzó el 53,6%, según AtlasIntel y Bloomberg. La presidenta tiene que explicar su gestión, no limitarse a defenderla. El país necesita liderazgo frente a sus urgencias. La confrontación puede ocupar titulares; difícilmente protege a una familia o resuelve un servicio que no funciona.

La caída desde el 42,8% constituye una advertencia severa. No demuestra por sí sola las causas del descontento, pero obliga a examinar la distancia entre las expectativas creadas y los resultados percibidos. Quien pidió gobernar debía llegar con prioridades, equipos y capacidad de ejecución. El Palacio no debería convertirse en una oficina donde recién se descubre la magnitud de los problemas nacionales.

Frente a la criminalidad, Fujimori debe mostrar un plan coherente y evaluable: objetivos, responsables, recursos, coordinación y resultados. Anunciar medidas aisladas no basta para acreditar una estrategia. La firmeza presidencial debe reconocerse en la conducción del Estado. Elevar el tono ante una cámara es considerablemente más sencillo que lograr que las instituciones trabajen juntas.

Tampoco corresponde confundir liderazgo con confrontación. Responder a los cuestionamientos mediante desafíos políticos puede entusiasmar a los simpatizantes, pero deja esperando a quienes necesitan soluciones. El ciudadano no tiene por qué escoger entre respaldar al Gobierno o exigirle que cumpla. Fiscalizarlo también forma parte de la democracia que la presidenta está obligada a respetar.

Según el reporte difundido por La República, el 50,2% califica al Gobierno como malo y apenas el 19,1% como bueno. Son cifras distintas de la aprobación presidencial, pero refuerzan la necesidad de una revisión seria. La comunicación oficial no puede funcionar como refugio frente a una evaluación desfavorable.

El riesgo de desgobierno aparece cuando las prioridades se dispersan, las responsabilidades se diluyen y el enfrentamiento desplaza la gestión. Ese riesgo exige correcciones tempranas. Esperar a que el deterioro sea indiscutible sería otra forma de llegar tarde.

Fujimori debe conducir, ordenar y rendir cuentas. La seguridad, la atención pública y las necesidades económicas requieren decisiones sostenidas. Si una política falla, debe corregirse; si un funcionario incumple, debe responder. Gobernar exige algo más incómodo que buscar adversarios: evaluar a los propios.

Reflexión final
La confianza no se recupera ganando discusiones televisivas. Se recupera cuando la población encuentra respuestas. El 28,3% advierte que la paciencia tiene límites. La presidenta debería dedicar menos esfuerzo a imponerse en el debate y más a demostrar que puede dirigir el país. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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