La FPF debe revisar toda la cadena que sostiene al VAR. La preparación del equipo arbitral de video, la idoneidad de los árbitros de campo y la calidad de las imágenes disponibles necesitan evaluación. Si alguno falla, compromete a los demás. Culpar únicamente al juez del partido permite que el siguiente encuentro herede las mismas deficiencias. La tecnología no corrige una estructura que se resiste a examinarse.
El VAR es valioso cuando dispone de profesionales preparados, procedimientos rigurosos e imágenes útiles. La IFAB establece los límites de su intervención y mantiene la decisión final en el árbitro principal. Su eficacia depende de aplicar correctamente las reglas, no de acumular monitores.
La capacitación del equipo arbitral del VAR debe comprobarse mediante evaluaciones prácticas. También la competencia de los árbitros de campo. Las jugadas pueden requerir interpretación, pero esa facultad no justifica criterios contradictorios ante situaciones equivalentes. La consistencia debe trabajarse, evaluarse y explicarse. Una designación no certifica idoneidad permanente.
La cadena incluye otro componente: la producción audiovisual. Debe verificarse si las unidades móviles cuentan con suficientes cámaras, ubicaciones adecuadas y personal competente para registrar los incidentes relevantes. El número importa, pero también la cobertura y la calidad de las imágenes. Un ángulo decisivo que nunca se captó no aparece porque alguien pida otra repetición.
La dirección de cámaras y el equipo de repeticiones tienen responsabilidades técnicas diferentes de las arbitrales. Producen y gestionan imágenes; no deciden infracciones. Su trabajo, sin embargo, condiciona la información disponible para revisar. Mezclar funciones impide identificar responsabilidades; ignorar su relación deja incompleto el diagnóstico.
Así se forma el círculo vicioso: cobertura insuficiente, imágenes limitadas, revisión deficiente y decisiones cuestionadas. Después llega el señalamiento semanal al árbitro y todo vuelve a empezar. Sin medidas correctivas, pueden repetirse errores determinantes y deteriorarse aún más la confianza en el campeonato.
Hace falta una auditoría independiente que examine tecnología, cobertura audiovisual, comunicaciones, procedimientos y preparación del personal. Debe establecer estándares exigibles y precisar quién responde por cada incumplimiento.
La reforma debe incluir a la FPF, la conducción arbitral y los responsables de la producción audiovisual, cada uno dentro de sus competencias. Las fallas acreditadas requieren correcciones, plazos y consecuencias. Cambiar al señalado sin corregir las condiciones conserva el problema.
Reflexión final
El fútbol peruano necesita terminar con la administración de culpables y comenzar a gestionar responsabilidades. El VAR no puede garantizar justicia si la cadena que lo alimenta y utiliza funciona deficientemente. Cada semana, sin correcciones, prepara la siguiente controversia. El campeonato merece algo más que otra explicación después del daño. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
