Hay victorias que no necesitan una bandera a cuadros ni una copa levantada frente a las cámaras. Se conquistan cuando un piloto decide detenerse para que otro pueda continuar. Edgardo “Cachete” Arimborgo, el querido “piloto del pueblo”, nos recuerda que el automovilismo también se mide por la grandeza de sus protagonistas. Entre polvo, montañas y motores, su gesto solidario ilumina una verdad: ningún trofeo alcanza a contener el valor de una mano tendida.
Durante la tercera etapa de Caminos del Inca 2026, “Cachete” encontró en la ruta a Irving Paiva y Aarón Galván, detenidos por problemas mecánicos. Allí, donde cada segundo pesa y cualquier contratiempo amenaza meses de preparación, tomó una decisión que retrata su manera de entender el deporte: detener su Mahindra número 539 y, junto con su copiloto, auxiliar a sus compañeros, remolcando el vehículo averiado.
Al enganchar aquel automóvil, también sostuvo una ilusión. Detrás de una tripulación hay familias pendientes del teléfono, mecánicos que entregaron noches enteras y esfuerzos económicos que pocas veces aparecen en las fotografías del podio. Quien ha vivido una competencia desde adentro sabe cuánto duele quedarse al borde del camino, escuchando cómo los demás se alejan.
Conozco a “Cachete”, sus bondades y su disposición para ayudar. Durante años formamos un binomio en Caminos del Inca, el Premio Presidente de la República, el Codasur y las competencias del ACP. Compartimos logros y abandonos, jornadas de entusiasmo y momentos en los que tocaba aceptar que la máquina había dicho basta. Esas experiencias permiten conocer a una persona más allá del casco.
En una cabina se comparte mucho más que una hoja de ruta. Se comparte la confianza, el miedo que rara vez se confiesa y la responsabilidad de regresar a casa. Aprendí que su calidad humana viajaba siempre con nosotros. Por eso, este auxilio tiene para mí el valor de reconocer al amigo de tantos kilómetros.
El cariño de la afición se construye así: con cercanía, perseverancia y gestos que permanecen cuando los resultados empiezan a olvidarse. “Piloto del pueblo” es una expresión de afecto que encuentra sentido en esa capacidad de reconocer al otro como un hermano de ruta.
Existe preocupación por una posible penalización. Corresponde esperar cualquier pronunciamiento oficial y conocer las circunstancias antes de emitir juicios. Ojalá la evaluación del episodio permita reconocer el compañerismo dentro del respeto al reglamento y a la equidad deportiva. Las reglas sostienen la competencia; la solidaridad fortalece a la comunidad que la hace posible. Ambas merecen una consideración seria.
Reflexión final
Caminos del Inca recorre una geografía que también vive dentro de quienes lo corren: cumbres de alegría, quebradas de incertidumbre y horizontes de esperanza. En ese paisaje, “Cachete” deja una enseñanza que trasciende el automovilismo. A veces, llegar más lejos exige detenerse por alguien. Su camioneta remolcó un automóvil; su gesto nos invita a pensar qué hacemos cuando encontramos a otro detenido en el camino. Porque la grandeza también consiste en procurar que nadie enfrente solo su abandono. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
