El peligro no siempre llega con el río desbordado. También puede estar dentro de casa, en una conexión improvisada o una instalación deteriorada que las lluvias encuentran sin corregir. Frente a El Niño, la seguridad eléctrica de las viviendas debe formar parte de la prevención. El Gobierno y las municipalidades necesitan demostrar cómo ayudan a reducir esa vulnerabilidad. Advertir a las familias y dejarles toda la solución no constituye una respuesta pública suficiente.
La información difundida por Infobae recoge advertencias de INDECO sobre viviendas ampliadas sin supervisión técnica: cableados improvisados, conductores inadecuados y conexiones expuestas. Señala que la humedad, las filtraciones y las nuevas demandas de consumo pueden agravar las deficiencias de esas instalaciones.
El contexto habitacional exige atención. GRADE ha señalado que siete de cada diez viviendas del área urbana nacional son autoconstruidas. Esto no significa que todas sean inseguras; sí muestra la escala que debe tener una política de asistencia técnica. Construir progresivamente necesita orientación para que cada ampliación no incorpore riesgos adicionales.
Prepararse para El Niño exige mirar también puertas adentro. La limpieza de cauces y los refugios son importantes, pero no agotan la prevención. Una familia puede proteger sus pertenencias de la lluvia y desconocer las deficiencias de su instalación eléctrica. La seguridad doméstica merece incorporarse a la planificación territorial, especialmente donde existen filtraciones recurrentes o exposición a inundaciones.
La casa crece, los equipos aumentan y el cableado necesita evaluación. Que una conexión siga funcionando no demuestra que sea adecuada. La costumbre de resolver cada ampliación con otro empalme puede ocultar un problema mayor. La revisión corresponde a personal calificado, no a soluciones improvisadas que terminan trasladando el peligro.
Sin embargo, culpar exclusivamente al propietario resulta cómodo. Muchas familias construyen según lo que consiguen ahorrar. Exigirles una revisión profesional sin facilitar servicios asequibles deja la recomendación fuera de su alcance. La prevención no puede convertirse en un privilegio reservado a quienes pueden pagarla.
También deben responder vendedores e instaladores. Ofrecer materiales deficientes o trabajos sin respaldo compromete la confianza del consumidor. Las advertencias empresariales pueden contribuir, pero deben acompañarse de información verificable y fiscalización independiente. La seguridad no se garantiza con publicidad.
La Caja Negra exige campañas territoriales de evaluación y mejoramiento eléctrico, con prioridad para viviendas expuestas y hogares vulnerables. Deben articular orientación, personal calificado y mecanismos accesibles para corregir deficiencias.
Las autoridades deben informar cuántas instalaciones fueron evaluadas y qué riesgos se corrigieron. Una fotografía de campaña no demuestra protección. Los propietarios, por su parte, deben solicitar revisión técnica y evitar intervenciones improvisadas. La responsabilidad compartida requiere que cada actor cumpla tareas concretas.
Reflexión final
El Niño no debe convertirse en la explicación automática de daños que pudieron reducirse mediante mantenimiento y preparación. Si existen vulnerabilidades conocidas, corresponde actuar antes de la emergencia.
La prevención también se mide en aquello que no llega a ocurrir: una descarga, un cortocircuito, un incendio. Esperar al humo para reconocer el peligro significa haber perdido una oportunidad de proteger. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
