Infantino debe explicar sus pagos y gastos con documentos. Los miembros europeos del Consejo de la FIFA reclaman información inmediata sobre asuntos que una administración transparente debería poder justificar sin presiones. Han presentado 42 preguntas y exigen respuestas escritas antes del 2 de noviembre. La exigencia desnuda un problema institucional: quienes deben supervisar la gestión todavía necesitan reclamar los antecedentes para hacerlo.
Según EFE, la carta dirigida al secretario general, Mattias Grafström, pregunta por una remuneración adicional del presidente que, conforme a las informaciones citadas, no aparece en el informe económico. También solicita explicaciones sobre alojamientos en Catar y Estados Unidos, un alquiler en la torre Trump y la imparcialidad del presidente de la Comisión Electoral. Estos cuestionamientos requieren esclarecimiento; no equivalen a culpabilidad demostrada.
Las preguntas son elementales: ¿cuánto recibió Infantino?, ¿quién autorizó los desembolsos?, ¿qué prestaciones cubrieron?, ¿cómo fueron registrados? Administrar el fútbol mundial exige una trazabilidad que permita responderlas. Una institución capaz de negociar contratos multimillonarios debería mostrar la misma eficacia cuando debe explicar cómo utiliza sus recursos.
El dinero de la FIFA no pertenece a su presidente. Su destino debe justificarse ante los órganos de control, sin privilegios ni excepciones personales. El cargo otorga responsabilidades; convertirlo en una barrera frente al escrutinio invierte el sentido de la representación institucional.
Los representantes europeos también reclaman información sobre el proyecto FIFA Forward Enterprise y una copia de la grabación y los materiales del Consejo celebrado el 15 de octubre. Exigen, además, que cualquier negativa a facilitar documentación sea justificada.
Ahí está la incomodidad para Infantino: las explicaciones deben poder contrastarse. Una declaración de buenas intenciones no acredita una autorización; una promesa de reforma tampoco aclara un desembolso anterior. La transparencia comienza cuando los documentos permiten comprobar lo que el discurso asegura.
Europa también deberá demostrar coherencia. Si sus representantes abandonan estas exigencias después de una negociación política, habrán convertido la fiscalización en una herramienta de conveniencia. Deben sostener el control y aceptar idéntico examen sobre sus propias decisiones.
La FIFA debe responder cada pregunta con antecedentes verificables y permitir una revisión independiente. Si existen irregularidades, corresponde determinar responsabilidades y aplicar las medidas pertinentes. El prestigio institucional se protege aclarando los hechos, no administrando la incomodidad que producen.
Reflexión final
Infantino dirige una organización que exige obediencia a sus reglamentos. Debe demostrar igual disposición para someterse a sus controles. Las 42 preguntas no son una sentencia, pero sí una obligación de respuesta. La confianza no se exige desde una presidencia: se gana cuando las cuentas resisten el examen. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
