Primero se debe formar a los deportistas mediante un sistema inclusivo, descentralizado y profesional; después, organizar grandes eventos internacionales como los Juegos Panamericanos 2027. Esa debe ser la prioridad del Perú. Garantizar el espectáculo mientras siguen pendientes las condiciones para desarrollar atletas invierte el sentido de la inversión pública. El Gobierno, el IPD y las federaciones deben construir oportunidades en todo el territorio antes de presentar la condición de anfitrión como una demostración de éxito.
Antes de comprometer recursos para organizar certámenes deportivos internacionales, las autoridades deben evaluar necesidades y establecer prioridades: preparación de atletas, entrenadores especializados, infraestructura regional y competencias permanentes. Decidir primero y justificar después es administrar al revés. El calendario internacional no puede convertirse en una excusa para postergar las obligaciones nacionales.
Un deportista necesita alimentación, medicina, recuperación y continuidad. Si su preparación depende del presupuesto familiar, las oportunidades quedan condicionadas por el dinero. Después resulta cómodo felicitar al medallista y presentar su esfuerzo como un logro institucional. La fotografía del triunfo no borra las carencias que debió superar.
Sostener las sedes de Lima 2019 exige recursos públicos permanentes: Legado tiene un presupuesto anual cercano a S/140 millones para administración y mantenimiento. Las autoridades deben demostrar qué desarrollo deportivo sostiene ese gasto. Mantener instalaciones sin garantizar formación y oportunidades es conservar el cemento y abandonar a los deportistas.
Un ejemplo es el Estadio Nacional: es para el deporte, no para convertirlo en una sala de conciertos a costa de su función principal. El IPD no puede administrar la casa de nuestros deportistas como una cartelera comercial. El Estado está invirtiendo millones en la remodelación del Estadio Nacional, que servirá para la inauguración de los Juegos Panamericanos 2027 y posteriormente será usado más para conciertos musicales que para el deporte. Una incongruencia total.
El Gobierno, el IPD y las federaciones deben responder por sus prioridades. Lima 2027 exige presupuestos fiscalizados y una preparación deportiva sostenida. Quienes comprometen recursos públicos deben demostrar resultados y asumir responsabilidades cuando incumplen. Organizar otra competencia no puede servir para disimular una formación insuficiente.
Reflexión final
Primero se debería formar a los deportistas; después se tendrían que asumir compromisos internacionales. Las autoridades no administran dinero propio ni fueron nombradas para coleccionar inauguraciones. Su obligación es desarrollar el deporte. Si el espectáculo tiene todo garantizado y el atleta sigue buscando cómo entrenar, la gestión ha fallado, aunque la ceremonia termine entre aplausos. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
