El Niño amenaza la producción de arroz: ¿dónde está la prevención?

El arroz que llega a nuestras mesas empieza en campos donde los agricultores arriesgan trabajo, dinero y meses de esfuerzo. Ahora, sus representantes advierten que las lluvias asociadas a El Niño podrían reducir la producción. Esperar a que se pierdan las cosechas para organizar visitas oficiales sería una respuesta inadmisible. La agricultura necesita prevención antes del desastre; las fotografías posteriores no recuperan una campaña.

Edwin Edquen, coordinador de la Asociación Peruana de Productores de Arroz, advirtió en Exitosa sobre una posible disminución de entre el 20 % y el 30 % de la producción amenazada. Debe precisarse: es una estimación preliminar recogida en coordinaciones con juntas de usuarios, no una pérdida consumada ni una estadística oficial definitiva. Tampoco corresponde presentarla como una caída confirmada de toda la producción nacional. Exitosa Noticias

La advertencia merece atención precisamente porque todavía permite actuar. Según Edquen, los campos arroceros de la costa presentan dificultades para evacuar grandes volúmenes de agua. Señaló que una inundación de dos o tres días durante el espigado puede comprometer la cosecha. El riesgo tiene consecuencias concretas: inversión perdida, ingresos interrumpidos y dificultades para financiar la siguiente siembra. Exitosa Noticias

Los productores ya coordinan medidas y consideran variedades más resistentes. Ese esfuerzo requiere acompañamiento técnico que permita evaluar su adaptación a cada zona. La iniciativa del agricultor merece respaldo; no debe convertirse en la excusa para trasladarle toda la responsabilidad. Cambiar semillas tampoco reemplaza el mantenimiento de la infraestructura ni resuelve por sí solo una inundación.

El Midagri y las autoridades competentes deben explicar qué zonas priorizan, qué trabajos ejecutan y cuándo estarán terminados. También corresponde aclarar el alcance de las estimaciones difundidas. La incertidumbre estadística exige mejorar la información y preparar respuestas, no archivar la alerta hasta disponer de un inventario de pérdidas.

El problema tampoco termina en la parcela. Una reducción importante de la oferta podría presionar los precios, aunque ese efecto dependería de las existencias, otras cosechas y el abastecimiento. No hay fundamento para anunciar una escasez inevitable; sí para exigir vigilancia y planificación.

Escuchar a los agricultores debe traducirse en asistencia técnica, infraestructura operativa y medidas de contingencia verificables. Las autoridades tienen que rendir cuentas sobre avances y pendientes. Una reunión sin compromisos ejecutables deja al productor exactamente donde estaba: frente al riesgo.

Reflexión final
El Estado no puede celebrar al agricultor en los discursos y dejar que enfrente solo la incertidumbre. Si la advertencia ya llegó, la prevención también debe llegar. Después, ninguna condolencia institucional llenará los sacos que quedaron vacíos. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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