Boluarte elogia a 52 congresistas que aprobaron su viaje a Francia

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

El Perú arde, pero la presidenta navega. Mientras el crimen organizado se multiplica como medusas en verano, la educación se hunde más rápido que un ancla sin cadena, y la salud pública se debate entre el oxígeno y el desahucio, Dina Boluarte empaca su traje de baño diplomático para su tercer viaje internacional en apenas quince días. ¿Destino? Niza, Francia. ¿Motivo? Defender el océano. ¿Realidad? Una puesta en escena tan absurda como costosa.

Porque en el Perú del sálvese quien pueda, el Estado se convierte en agencia de viajes y el Congreso en cómplice entusiasta. 52 parlamentarios —esos mismos que no legislan ni fiscalizan, pero sí levantan la mano cuando hay boarding pass de por medio— autorizaron su salida para que hable del mar de Grau desde la costa azul francesa. Viva la política climática… con pasajes en clase ejecutiva.

Cumbre de Océanos: el teatro azul de la hipocresía
¿Y qué hará Dina en la prestigiosa III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Océano (UNOC3)? Lo que mejor sabe hacer: leer discursos escritos por otros, posar para fotos, y proclamar desde Europa que le importa el mar… aunque en Lima no puede ni con los huaicos, las playas contaminadas o la pesca ilegal frente a su nariz.

La mandataria ha prometido “alzar la voz por nuestras 200 millas”. Probablemente lo haga justo después del cóctel, entre una charla sobre microplásticos y una selfie con Macron. En Niza, hablará de contaminación, pero evitará cualquier mención al desastre ecológico causado por Repsol. Defenderá la biodiversidad, pero no dirá una sola palabra sobre las comunidades costeras olvidadas. Porque esto no va de soluciones reales, sino de performance diplomático: el nuevo arte de gobernar sin gobernar.

El Congreso: 52 pasajes al cinismo
Pero lo mejor de este viaje no es el itinerario: es el acompañamiento coral del Congreso. Dina agradeció con entusiasmo a los “congresistas demócratas”, es decir, a los que con responsabilidad patriótica y cero vergüenza le dijeron “bon voyage”. Lo que no dijo es que varios de ellos ya están pidiendo acompañarla. Por supuesto, no quieren perder la oportunidad de conocer Europa por el bien del país… y del fondo público.

Este Congreso, que ni siquiera puede ponerse de acuerdo en elegir a un Defensor del Pueblo sin escándalo, ahora se cree custodio de los océanos. Sería cómico si no fuera trágico: los mismos que ahogan al país en leyes improvisadas quieren salvar a las ballenas desde París.

Más de S/ 74 mil en viáticos para tres funcionarios. El Perú se cae a pedazos, pero hay presupuesto para proteger el mar desde Francia. Michelle Graco (Imarpe) y dos representantes de la Cancillería se embarcan en la cruzada marina, mientras en Lima no hay papel en los hospitales ni seguridad en los barrios.

Y ojo, no es una reunión técnica. Es una “cumbre”. Es decir, mucha retórica, poco impacto. Porque todos sabemos que si algo ha cambiado tras las cumbres internacionales… es el saldo de las tarjetas de crédito institucionales.

En resumen: Dina no gobierna, flota. No enfrenta los problemas, los sobrevuela. Y cuando el país naufraga, ella prefiere mirar el horizonte desde la costa francesa, con aire de estadista y olor a Chanel. Todo con la bendición de un Congreso que, mientras autoriza viajes, hunde al país en desprestigio y desgobierno.

La III Conferencia sobre los Océanos será un éxito… al menos para el álbum de fotos del Ejecutivo. Porque cuidar el planeta queda bien en el discurso, pero gobernar un país exige quedarse, ensuciarse, asumir. Y eso, por lo visto, no está en agenda.

El mar de Grau agradece la preocupación. El Perú… todavía espera que alguien se quede a gobernar.

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