Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Qué lindo el nuevo Jorge Chávez. Con luces, discursos, fotos oficiales y la típica cinta cortada con tijeras de oro prestadas. Pero bastaron cinco días para comprobar que este no es un aeropuerto internacional. Es un set de grabación de una tragicomedia nacional, escrita por burócratas, ejecutada por contratistas ciegos y supervisada por autoridades que aplauden aunque el avión no despegue. El Perú vuelve a despegar… pero solo en PowerPoint.
La pista: larga en teoría, corta en la realidad
El periodista Paolo Benza no necesitó una torre de control para ver el problema: la pista tiene 3.500 metros… pero solo 2.588 están operativos. ¿Por qué? Porque la calle de rodaje que lleva al extremo norte nunca fue construida. No está. No existe. Una omisión tan absurda que parece hecha a propósito, como si alguien hubiera decidido que los vuelos transoceánicos ya no son prioridad para este país.
Resultado: los aviones grandes no pueden despegar. Y los pequeños lo hacen con fe, más que con física. El “nuevo aeropuerto internacional” tiene una pista que impide vuelos internacionales. Solo en Perú se puede celebrar una obra pública que no cumple su función básica.
Las pruebas: improvisación en vivo
Pero tranquilos, que la planificación brilló… por su ausencia. Las pruebas operativas se hicieron con el aeropuerto ya funcionando. Porque claro, ¿para qué simular escenarios complejos si se puede usar a los pasajeros como voluntarios? Técnicos de OSINERGMIN ya habían alertado de esto en abril. LAP, fiel a su estilo, ignoró las advertencias. ¿Qué podía salir mal? Todo.
Turbinas, colas y desinformación
AETAI denunció que los filtros de seguridad fueron reemplazados por sistemas tipo turbina sin ninguna socialización. ¿El resultado? Colas interminables, pasajeros confundidos y personal de seguridad con cara de “yo solo trabajo aquí”. Además, el área de salidas internacionales es más pequeña que la del viejo terminal. Más moderno, pero menos útil. Es como cambiar un microondas que funcionaba por un horno de piedra que se ve bonito.
Migraciones y orientación: versión modo laberinto
¿Se han perdido en el nuevo aeropuerto? Bienvenidos al club. No hay señalética adecuada y los orientadores brillan por su ausencia. AETAI pidió reforzar la orientación con más personal y canales de información porque, sorpresa, los pasajeros —sobre todo extranjeros— caminan sin rumbo como si estuvieran en una gincana con maletas.
Combustible y caos coordinado
En los primeros días también falló el abastecimiento de combustible. No hay protocolos claros y la coordinación logística fue un chiste. El personal no fue suficiente, las aerolíneas quedaron colgadas, y un vuelo de Copa Airlines estuvo en riesgo por la intervención de una controladora aérea que ya había protagonizado un accidente en el pasado. Pero, claro, en el Perú, nadie renuncia y todos “siguen evaluando”.
Maletas y puertas: versión ruleta rusa
Las fajas de equipaje no funcionaban bien. Las puertas de embarque cambiaban como dados en Las Vegas. Pasajeros corriendo de una punta a otra del terminal sin saber si llegarían a tiempo o solo estaban ensayando para una maratón. Todo esto fue verificado por Indecopi, que entró a la pista y dijo: “Houston, tenemos un problema… o cuatro”.
Indecopi al rescate: WhatsApp y fe
Indecopi, fiel centinela del último minuto, detectó fallas clave: combustible, puertas, equipaje y seguridad. La solución: habilitar un WhatsApp 24/7. Porque si el avión no despega, al menos puedes desahogarte con un sticker. LAP sigue operando, el MTC asegura que todo va bien, y los pasajeros… bueno, ellos siguen esperando.
Conclusión: despegar sin alas, aterrizar en el ridículo
El nuevo Jorge Chávez se ha convertido en un símbolo. No del desarrollo, no de la modernidad, sino del desgobierno elegante. Una obra millonaria con pista inservible, diseño ineficiente, señalización ausente y pruebas hechas “a la criolla”. ¿Consecuencias? Ninguna. ¿Explicaciones? Silencio institucional. ¿Soluciones? WhatsApp.
Así, el Perú vuelve a elevarse… pero en el ranking de las obras públicas con menos planificación y más titulares vacíos. Porque, como siempre, en vez de un aeropuerto que conecte al país con el mundo, hemos construido una postal más de lo que somos capaces de hacer… cuando nadie asume responsabilidad.
