Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Se jugó ya la fecha 16 de las Eliminatorias Sudamericanas rumbo al Mundial 2026 y, como es costumbre regional, más de una selección sigue con vida gracias a la esperanza, al “todavía se puede” y, por supuesto, a la omnipresente calculadora. Esa fiel compañera de los que no planifican. La misma que en cada proceso reaparece con la promesa de que si fulano empata, mengano pierde, yo goleo, Venezuela no respira, y Dios es peruano, entonces quizás… solo quizás… se logre el milagro.
Pero Sudamérica ya no es lo que era. Las Eliminatorias dejaron de ser una competencia deportiva para convertirse en un arte performativo, donde algunos compiten, otros improvisan, y varios simplemente esperan que Venezuela no gane.
Clasificados: los que no necesitaron drama
Argentina, Ecuador y Brasil ya están con el boleto sellado a Norteamérica. Tres selecciones que, con matices, hicieron lo que se debe hacer: ganar. Argentina lo hizo a lo campeón del mundo, sin aspavientos. Ecuador —a pesar del descuento de puntos por el caso Castillo— logró encontrar orden y competencia real. Y Brasil, con más dudas que antes, pero con lo suficiente para meterse al lote de siempre.
Ellos no recurrieron a combinaciones, ni a la fe, ni a la tabla de posiciones como oráculo. Clasificaron. Fin de la historia.
Uruguay, Colombia y Paraguay: los que ya huelen el Mundial
Con 24 puntos, Uruguay y Paraguay ya sienten el pasto norteamericano bajo los botines. Colombia, con 22, está cerca. Solo una debacle escandalosa los dejaría fuera, y ni siquiera la matemática parece capaz de inventar un escenario tan absurdo.
Los charrúas, con Bielsa al mando, hicieron lo que pocos en la región: pensar a largo plazo, darle identidad a su juego y consolidar una base. Colombia, tras años de desconcierto, ha encontrado al fin algo de equilibrio. Paraguay, por su parte, sin grandes luces, ha ido sumando con disciplina. Eso que tanto falta en el sur andino.
Venezuela: el juez inesperado
Venezuela, con 18 puntos y séptima en la tabla, es el equipo que nadie quería ver ahí… porque representa todo lo que muchos no hicieron. A falta de dos fechas, está en zona de repechaje. Si gana a Argentina en Buenos Aires y luego vence a Colombia en casa, podría hacer historia y meterse, por primera vez, en un Mundial.
¿Imposible? No. ¿Justo? Totalmente. Porque si Venezuela llega, será por mérito. Porque dejó de ser la anécdota del continente y se convirtió en proyecto. Porque formó, educó, trabajó. Algo que en ciertos países hace siete años se dejó de hacer.
Bolivia: altitud y fe
Con 17 puntos, Bolivia se aferra a las matemáticas. Pero no es un secreto: fuera de casa, la Verde se apaga. Su única opción pasa por vencer a Colombia en Barranquilla y luego a Brasil en casa. Casi nada. A eso se le llama creer… o resistirse a mirar la tabla con honestidad. Su modelo sigue siendo climático. La planificación, en cambio, parece parte del pronóstico del tiempo: variable, distante e inexacta.
Perú: siete años de nada
Y aquí sí. Que suene la sirena. Porque si hay un caso que debe ser expuesto con todas sus letras, es el de Perú. 12 puntos en 16 fechas. Dos victorias. Seis goles en total. Una diferencia de -11. Un equipo sin alma, sin gol, sin proyecto. Pero con discursos reciclados cada cuatro años.
Desde Rusia 2018, Perú lo tuvo todo para hacer historia. Para institucionalizar un modelo. Para invertir en menores. Para sostener lo construido. Pero eligió la nostalgia como estrategia. Prefirió seguir viviendo de los documentales, del gol a Nueva Zelanda, del abrazo con Gareca, y de las repeticiones en señal abierta. Siete años después, cosecha lo que sembró: nada.
La Federación Peruana de Fútbol se dedicó a las pugnas internas, a las investigaciones judiciales, al escándalo empresarial. Los clubes grandes apostaron por extranjeros sin rumbo, las menores se hundieron sin rumbo, y el plan de desarrollo fue… ¿cuál plan?
Hoy, el equipo nacional depende de un milagro multiplicado por cuatro: vencer a Uruguay en Montevideo, golear a Paraguay en casa, que Bolivia y Venezuela se autodestruyan, y que los goles aparezcan como por arte divino. No hay identidad, ni recambio, ni una idea mínima. Solo hay excusas. Y una calculadora que ya no puede más.
Chile: eliminado sin pena ni gloria
Chile, con 10 puntos y 2 victorias, fue el primero en firmar su salida. Ya no hay lágrimas. Ni rabia. Solo resignación. La generación dorada se oxidó sin recambio. La ANFP, igual que la FPF, eligió el cortoplacismo, la improvisación, y la amnesia estructural. El resultado: “Otra vez a mirarlo por TV”. Esta vez, sin siquiera rabia.
A falta de dos fechas, hay tres pasajes directos y un repechaje en juego. Uruguay, Colombia y Paraguay pueden cerrar todo si suman como deben. Venezuela puede hacer historia. Bolivia aún cree. Perú dice que cree. Y Chile… ya ni contesta.
Pero más allá de los puntos, la tabla revela algo más profundo: el fracaso de los que no supieron transformar una alegría histórica en un sistema sostenible. El resultado de siete años de discursos sin contenido. De selecciones que celebran “casi clasificaciones” pero no saben qué hacer con el futuro.
Reflexión final
Las calculadoras no deberían ser parte del fútbol. Pero en Sudamérica son protagonistas. Son la herramienta de quienes no trabajaron a tiempo. De quienes creyeron que una buena racha es una política de Estado. Y así estamos.
Venezuela podría ir al Mundial por primera vez. Y lo haría con mérito. Porque construyó. Porque creyó en el proceso. Y si lo logra, será la señal definitiva de que en este continente, el que trabaja puede ganar. Y el que improvisa… reza.
Nos vemos en la fecha 17. Con la tabla en la mano. Y la conciencia, en muchos casos, ausente.
