Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Cuando la vocera del Reniec declaró que los problemas de su aplicación se debían a que “nuestros celulares están llenos de memes”, no estaba bromeando. Era en serio. Así como lo fue la explicación de que la app no reconoce rostros por culpa de una barba, o que los trámites fallan porque no actualizaste tu teléfono. En resumen, si no puedes hacer tus gestiones digitales, el problema no es el Reniec: el problema eres tú. Este es el país donde el Estado digital es tan frágil, que un sticker de WhatsApp puede derrumbarlo.
El Perú de hoy es un lugar donde las instituciones no fallan, fallas tú por tener fotos familiares, memes de tu equipo de fútbol o por usar TikTok. En este nuevo orden tecnológico, la administración pública no tiene que asumir errores: los transfiere al ciudadano como si fueran archivos basura.
La Reniec, no ofreció una solución, ofreció una moraleja: “limpien su celular, reinícienlo, borren la caché”. Una lección de informática doméstica como respuesta a un problema nacional. Lo grotesco es que mientras ella culpaba a los usuarios, en la oficina de San Luis cientos de personas hacían cola desde el amanecer porque la famosa app simplemente no funciona. Pero qué importa: seguro es culpa de la memoria llena.
Más aún, la vocera responsabilizó también a las “IP sospechosas”, a la “caché sucia”, al “uso excesivo de aplicaciones”. Eso sí, ni una palabra sobre cuántas veces se ha auditado la plataforma, cuántos contratos públicos se firmaron sin verificar funcionalidad, o cuántos millones se destinaron a un sistema que no puede sostener ni una barba.
Este discurso no es anecdótico: es la política oficial de evasión. El Estado se disfraza de víctima y convierte a cada ciudadano en culpable de su propia precariedad. ¿No puedes renovar tu DNI? Culpa a tu teléfono, no al Reniec. ¿Te botan de la app? Limpia tu memoria, no pidas que el sistema funcione.
Y mientras tanto, seguimos atrapados en un país donde cada intento de modernización estatal termina en parodia. Donde se exige tecnología de punta a la ciudadanía pero se ofrece tecnología del siglo pasado desde el Estado. Donde una app debería facilitar, pero solo complica. Donde la gente pide servicios y el Estado responde con excusas.
Que el Reniec culpe a los ciudadanos por su propia incompetencia técnica no es solo un error de comunicación: es una falta de respeto. Es, además, una peligrosa normalización de la negligencia estatal, de la precariedad digital disfrazada de innovación. Aquí no hay modernización, hay maquillaje institucional.
No se trata de que los ciudadanos tengan celulares limpios. Se trata de que el Estado tenga sistemas que funcionen, que cumplan su rol y respeten el tiempo, la dignidad y los derechos de las personas. Si el Reniec no puede garantizar ni el trámite más básico sin culpar al usuario, entonces el verdadero “meme” no está en el celular. Está en la oficina pública.
Reflexión final
Cuando las instituciones no pueden asumir su responsabilidad, culpan al pueblo. Y cuando un gobierno convierte sus errores en chistes, no es el humor el que falla, es la gestión. En este caso, la app puede caerse, pero el desprecio por el ciudadano ya está instalado. ¿El problema? No es tu celular. Es el sistema.
