El durísimo reclamo del sindicato francés contra Gianni Infantino

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Gianni Infantino dice que el Mundial de Clubes es “la mayor fiesta del fútbol de clubes jamás organizada”. Lástima que a la fiesta llegan estadios semivacíos, jugadores medio lesionados y sindicatos furiosos. Pero, tranquilo, Gianni. Mientras los dólares entren a la caja de la FIFA, todo es “éxito global”. Hasta que los futbolistas empiecen a caerse como moscas.

Esta semana, el sindicato francés de futbolistas, la UNFP, le tiró un misil directo al corazón del espectáculo de Infantino. Y no es para menos. El gremio está harto de ver cómo los jugadores se convierten en marionetas de un calendario diseñado para llenar las cuentas bancarias de la FIFA… y vaciar las reservas físicas y mentales de los futbolistas.

“Desde lo alto de su torre de marfil (…) al presidente de la FIFA no le preocupa el destino que el calendario internacional reserva para los principales jugadores del juego,” disparó la UNFP.

Más claro, imposible. Y es que el Mundial de Clubes llega tras una temporada infernal. Tomemos un ejemplo: el Paris Saint-Germain levantó la Champions el 31 de mayo. Dos semanas después, Dembélé y compañía estaban corriendo en canchas estadounidenses para la FIFA. Mientras tanto, la pretemporada de la Ligue 1 ya está empezando en Francia. ¿Cuándo descansan?. Nunca.

Y esto no es solo cansancio: es negocio. Un negocio enorme. Porque el Mundial de Clubes es el nuevo juguete de Infantino para explotar derechos televisivos, patrocinios y audiencias. Pero, sorpresa: ni siquiera está funcionando tan bien. Más de un millón de asientos vacíos en la fase de grupos. Promedios de asistencia tan bajos que ni Messi pudo tapar el bochorno. Y estadios gigantes, como el MetLife en Nueva Jersey, con casi la mitad de sus butacas desiertas.

La salud como daño colateral
En septiembre pasado, Rodri (Manchester City) sufrió una seria lesión de rodilla tras advertir públicamente que los jugadores estaban al borde de la huelga por la sobrecarga de partidos. La FIFA no escuchó. FIFPRO y las Ligas Europeas ya demandaron ante la Comisión Europea por la “imposición unilateral” del calendario. Pero Infantino, otra vez, se hace el sordo.

La UNFP exige el mínimo de tres semanas de descanso entre temporadas, algo estipulado en la mayoría de convenios colectivos. Pero para Infantino, las piernas de los jugadores valen menos que un sponsor árabe. El calendario está tan saturado que incluso se corre el riesgo de reventar a las estrellas justo antes del Mundial 2026.

“Su Mundial de Clubes demuestra, hasta el punto del absurdo, que es urgente detener este juego de masacre. Desprecia la salud física y mental de los jugadores por unos cuantos dólares más,” acusa el sindicato francés.

No es solo exageración. Es la realidad. A este ritmo, la mitad de las estrellas europeas llegará a 2026 en muletas.

Entre la ruina y el marketing
Y el colmo de la ironía: mientras los jugadores se parten el físico, los estadios quedan medio vacíos. No importa que Messi juegue en Inter Miami. No importa que el Bayern enfrente al Flamengo. El público está diciendo basta. El fútbol no es un reality de Netflix. Ni un PowerPoint de ejecutivos de traje. El fútbol es emoción genuina. Y lo que Infantino está produciendo es un circo sin alma.

Porque hay algo que la FIFA parece no entender: si exprimes tanto el fútbol, terminas por matarlo. Y aunque los comunicados digan que “el apetito global es enorme”, los boletos no se venden. Y los fanáticos no se dejan engañar.

Infantino llegó prometiendo transparencia, limpieza y pasión por el juego. Hoy lidera la FIFA más lucrativa de la historia… y más desconectada de la realidad. Ha convertido a los jugadores en piezas de ajedrez de un show sin descanso, mientras se erige como el salvador del fútbol.

Reflexión final
El Mundial de Clubes está dejando algo claro: el fútbol ya no está en manos de quienes lo juegan ni de quienes lo aman. Está en manos de quienes hacen cuentas en dólares. Infantino debería bajar de su torre de marfil y escuchar a quienes sudan y sangran por este deporte. O pronto no quedará ni juego, ni pasión, ni rodillas para patear un balón. Solo estadios vacíos y cuentas millonarias.

¿Dónde quedó el fútbol, señor Infantino?

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