Resultados del Mundial de Clubes ponen en jaque el Mundial de 2026

Por Edwin Gamboa, fundador Caja negra

Quién iba a pensar que el tan anunciado Mundial de Clubes de Infantino terminaría convertido en el mejor ensayo… para el desastre. Porque si algo ha quedado claro entre calores sofocantes, estadios con más cemento que público y futbolistas al borde del colapso, es que la FIFA ha creado un monstruo que ni ella misma puede manejar. Y ojo: este torneo no es solo un show aislado. Es, en realidad, la antesala —y gran preocupación— de lo que podría pasar en el Mundial 2026.

La lógica de la FIFA es sencilla: más partidos, más dólares. Y en ese afán, se inventaron un Mundial de Clubes con 32 equipos, como si el calendario futbolístico no estuviera ya reventado. Claro, en los papeles suena maravilloso: un festival de fútbol global, con equipos top y audiencias planetarias. Pero la realidad es otra:

Temperaturas de horno. Vaya genialidad organizar un torneo internacional en pleno verano estadounidense, con temperaturas que rozan los 40 grados. Porque nada dice “fútbol espectáculo” como ver a jugadores escurrir sudor y pedir agua cada cinco minutos, mientras las cámaras enfocan gradas semi vacías.

Estadios vacíos. Sí, esos imponentes recintos que costaron miles de millones lucen, en muchos partidos, casi desiertos. Y no es por culpa del tráfico. Entre el calor y la irrelevancia de algunos choques, hasta los propios hinchas locales prefieren quedarse en casa con el aire acondicionado.

Futbolistas y técnicos hartos. Porque, claro, los jugadores no son robots. Llegan quemados de ligas, copas y selecciones, y ahora los quieren enchufar en otro torneo que, salvo para la FIFA, no significa nada. Basta leer las declaraciones de entrenadores y estrellas europeas: están hartos de esta orgía de partidos que estira el calendario como chicle.

Y aquí viene lo serio: la FIFA está en pánico. Porque si el Mundial de Clubes, con menos selecciones, menos público y menos pasión, ya está sufriendo por el calor, el vacío en las tribunas y el rechazo de jugadores… ¿qué pasará en el Mundial 2026, con 48 selecciones, más partidos y el mismo verano tórrido?

El Mundial de Clubes ha revelado lo que muchos ya temían: que la FIFA está jugando a ser empresaria de eventos masivos, olvidando que el fútbol es pasión, no solo planillas de Excel con proyecciones millonarias. Y mientras Infantino sigue hablando de “llevar el fútbol a todos los rincones”, los rincones parecen estar cada vez más vacíos.

Reflexión Final
Así que ahí lo tienen: un Mundial de Clubes que debía ser un éxito, convertido en una pasarela de sudor, cemento y quejas. Un ensayo preocupante para 2026, cuando la FIFA espera llenar estadios y bolsillos. Pero cuidado, Gianni: si los jugadores se funden y las tribunas se quedan mudas, ni el negocio más lucrativo podrá ocultar que, al final, el fútbol se juega en la cancha… y con gente que quiera verlo.

Porque el calor pasa. El cemento queda. Y la FIFA, aunque le cueste admitirlo, no puede inventar pasión donde no existe.

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