CPL rechaza denuncia de Marita Barreto contra Milagros Leiva

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

En el Perú, la libertad de prensa es como ese jarrón de porcelana en la vitrina: se supone que es sagrado, pero siempre hay alguien a punto de tirarlo al suelo. Y esta vez, quien amenaza con hacerlo añicos no es un político cualquiera, sino nada menos que Marita Barreto, la excoordinadora del Equipo Especial contra la Corrupción del Poder, quien, en un giro digno de telenovela, ha denunciado penalmente a la periodista Milagros Leiva. Porque, claro, nada defiende mejor a la democracia que acusar a la prensa de pertenecer a “bandas criminales”.

Marita Barreto, la misma que se ha pasado años persiguiendo a corruptos con lupa y megáfono, ahora parece haber cambiado de libreto. En lugar de investigar políticos o empresarios turbios, ha decidido que el verdadero peligro nacional es… una periodista que hace preguntas incómodas.

El Colegio de Periodistas de Lima (CPL) ha reaccionado con la alarma que corresponde, rechazando la denuncia y advirtiendo que el uso de herramientas legales para perseguir periodistas es un atentado directo contra la libertad de expresión. Y tienen razón. Porque si mañana cualquiera que se sienta incómodo con un reportaje pudiera tildar a un periodista de “banda criminal”, no quedaría ni uno libre.

Resulta casi surrealista leer que Marita Barreto acuse a Leiva de “acoso” y de integrar una organización criminal. Si uno se guía por semejantes estándares, cada periodista que ha perseguido a un funcionario con su grabadora sería un capo mafioso. Imagínese usted: “Los Corresponsales del Norte”, “El Cártel de los Reporteros de Investigación”, “La Banda del Micrófono”. Ridículo no, lo siguiente.

Mientras tanto, la propia Milagros Leiva, lejos de esconderse, anuncia acciones legales contra Barreto por difamación, dejando claro que no piensa dejarse amedrentar. Y es que, guste o no, el periodismo existe para fiscalizar el poder, y la fiscal Barreto, justamente, está bajo investigación por presunto enriquecimiento ilícito. ¿O pretendía acaso que la prensa se quede callada mientras ella escribe su propia narrativa?.

Con esta denuncia, Marita Barreto no solo se ha disparado en el pie, sino que le ha regalado munición a quienes sostienen que el poder, incluso el judicial, es capaz de recurrir a métodos abusivos para silenciar a la prensa. Y todo esto mientras el país se desangra en corrupción, inseguridad y desgobierno.

Reflexión Final
Quizá alguien debería recordarle a Marita Barreto que en una democracia, los periodistas no son enemigos, sino garantes de la verdad. Y que si tiene cuentas que aclarar, lo haga con pruebas y ante la justicia, no intentando amedrentar a quienes se atreven a preguntar. Porque hoy es Milagros Leiva, pero mañana puede ser cualquier periodista… o cualquier ciudadano que se atreva a opinar.

Así que, señora Barreto, menos demandas y más transparencia. Que bastante tenemos ya con gobiernos que suben sueldos, aeropuertos que se inundan y mineros que amenazan con tomar Lima. Déjenos al menos la prensa libre para contarlo.

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