En conferencia de prensa, César Acuña dijo que Dios es su asesor

En el Perú hemos visto políticos jurar por la patria, por sus hijos y hasta por la virgencita del pueblo. Pero César Acuña ha decidido ir un paso más allá: asegura que Dios es su asesor personal y que le prometió cuidarlo y hacer justicia. Un blindaje celestial para un gobernador regional cuya gestión en La Libertad está marcada por denuncias, investigaciones y un programa Procompite que terminó convertido en un peaje para emprendedores. Es la fe como cortina de humo… y como herramienta de marketing político.

Mientras Procompite —un fondo público de S/58 millones— se hundía en acusaciones de cobros ilegales, Acuña no apareció para explicar cómo se instaló esta presunta red de extorsión interna, sino para asegurar que el Altísimo lo respalda. En lugar de aclarar por qué empresarios aseguran haber pagado entre S/5 mil y S/25 mil para acceder a recursos estatales, prefiere acusar a la prensa de “hacerle daño” y victimizarse como un justo perseguido.

La historia es clara: Juan José Fort Cabrera, su hombre de confianza, presidía el comité evaluador y, según Cuarto Poder, un intermediario recibía los pagos con vouchers incluidos. La solución de Acuña fue tan conveniente como superficial: expulsar al implicado y anular concursos, sin rendir cuentas de cómo se llegó a este punto. Es como cortar una rama podrida dejando intacto el tronco que la alimenta.

Por si fuera poco, el gobernador no dejó que la incomodidad le arruinara la agenda: suspendió la conferencia para celebrar su cumpleaños con mariachis. Los millones de soles atrapados en irregularidades podían esperar; el pastel, no. Es la versión criolla del “pan y circo”, con música ranchera de fondo.

Este patrón no es nuevo. Desde la política local hasta la nacional, Acuña ha estado rodeado de episodios que huelen a irregularidad, y cada vez que el escándalo lo alcanza, responde con dos cartas: la negación absoluta y el salto hacia un discurso emotivo, esta vez adornado con tintes bíblicos.

La fe es asunto privado; el manejo de fondos públicos, no. Cuando un gobernador reemplaza las explicaciones técnicas por mensajes divinos, lo que está haciendo no es gobernar, es manipular. En La Libertad no se necesita un consejero celestial, sino un equipo capaz de blindar los programas contra redes de cobro ilegal, un liderazgo que asuma culpas y un compromiso real con la transparencia.

Reflexión final
Acuña dice que Dios lo cuida. Pero el ciudadano de a pie no quiere saber quién lo protege a él; quiere saber quién protege su dinero, quién garantiza que los S/58 millones no terminen en manos de intermediarios, y quién, en la tierra, hará justicia antes de que la justicia divina llegue —si es que llega—. Porque en este país, la experiencia demuestra que mientras esperamos el juicio final, los que deberían rendir cuentas siguen bailando… y no precisamente al compás de la ética.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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