En el corazón del infierno, donde el fuego no purifica sino premia, donde los traidores no se esconden sino gobiernan, encontré al diablo. No como metáfora, sino como anfitrión. Me recibió entre lava burbujeante, expedientes archivados y whisky servido en urnas electorales. Y no, no estaba de mal humor. Estaba encantado. Exultante. Radiante como alguien que acaba de recibir 130 nuevos empleados públicos y no tuvo que mover un solo dedo para contratarlos.
Lucifer, príncipe del engaño, arquitecto del caos y CEO eterno del mal, tiene un nuevo bastión en su mapa del horror moral: el Congreso de la República del Perú. Ya no necesita tentar, corromper ni sobornar. Solo observar cómo los supuestos padres de la patria hacen su trabajo sucio por cuenta propia, y con ganas.
En un país donde la criminalidad marca territorio con sangre y los extorsionadores llevan más poder que los ministros, el Congreso guarda silencio. Blinda a Dina Boluarte sin rubor, calla ante joyas y Rolex, celebra aumentos de sueldo como si la ética fuera un enemigo político y convierte cada sesión del pleno en una ceremonia del cinismo. Y aquí, en esta sala climatizada con fuego eterno, comienza la entrevista más incómoda del inframundo.
El Capibara: Señor del abismo, emperador de la mentira, inventor de la trampa… ¿cómo describiría al Congreso peruano?
Lucifer: Como un sueño hecho realidad. Es mi laboratorio más exitoso. Yo sembré la desconfianza, pero ellos cultivaron el cinismo. No legislan, negocian. No representan al pueblo, lo administran como si fuera una caja chica. El Congreso peruano es una joya: un club privado donde la impunidad es regla, el pacto con la corrupción es moneda, y la decencia está en huelga indefinida.
El Capibara: ¿Qué fue lo que más le fascinó?
Lucifer: La capacidad de destruir la democracia sin necesidad de golpes ni tanques. Solo con votos amañados, blindajes descarados y discursos llenos de aire. Su habilidad para proteger a Dina Boluarte, mientras el país se desangra entre extorsiones y asesinatos, es un acto de prestidigitación satánica. Todo lo encubren: Rolex, cirugías, joyas, aumentos, denuncias… y encima se atreven a decir que lo hacen por el Perú. Es tan perfecto que ni yo lo habría diseñado mejor.
EL Capibara: ¿Es cierto que tienen un espacio preferencial en su reino?
Lucifer: No uno. Tienen un piso entero. Se llama “El Pleno Infernal”. Está decorado con carteles de campañas electorales, contratos de asesores fantasmas y diplomas de honor al mérito por traicionar la Constitución. Desde sus balcones se puede observar cómo el país arde mientras ellos brindan con agua bendita falsificada. Algunos ya no bajan al infierno. Viven en él. Solo que aquí tienen aire acondicionado y estacionamiento exclusivo.
El Capibara: ¿Y qué requisitos debe tener un congresista para ganarse una suite en ese paraíso ardiente?
Lucifer: Que se especialice en archivar la verdad. Que transforme la Comisión de Ética en un chiste cruel. Que celebre el mochasueldo como parte de su dieta. Que proteja a sus aliados aunque tengan más denuncias que propuestas. Que duerma en el pleno y despierte solo para votar en bloque contra el pueblo. Y si encima cita la Biblia mientras pacta con criminales, ya tiene asegurada la membresía platino.
El Capibara: ¿Lo han querido sobornar?
Lucifer: Me han querido nombrar asesor externo. Uno me ofreció una curul a cambio de una bancada estable. Otro me prometió ser presidente de la Comisión de Justicia del infierno si lo ayudaba a “no caer”. Algunos llegan creyendo que pueden comprarme, sin saber que hace tiempo trabajan gratis para mí.
El Capibara: ¿Y qué opina de los autoproclamados “congresistas moralistas”?
Lucifer: Son mi stand-up favorito. Se envuelven en la bandera, citan a Dios, y después firman contratos en reservados con mafias. Hablan de valores mientras colocan a sus amantes en el Estado. Gritan “familia” mientras apuñalan la democracia en nombre del orden. Son actores de primera en esta ópera bufa llamada política peruana.
El Capibara: ¿Cómo es la ceremonia de recibimiento cuando finalmente llegan a usted?
Lucifer: Con orquesta. La alfombra está hecha de promesas incumplidas. Los reciben expresidentes condenados, exalcaldes prófugos y exministros reciclados. Les entregamos una medalla de “Servicio a la Corrupción” y los sentamos en curules eternas, donde pueden seguir legislando decretos inútiles mientras el país sigue cayendo.
El Capibara: ¿Algún mensaje final para el pueblo peruano?
Lucifer: Con el corazón en llamas: gracias. Me han dado material para siglos. Sigan indignándose. Sigan marchando. Sigan denunciando… pero al final, sigan votando por los mismos. Mientras la memoria sea corta y la rabia solo dure un tuit, mi imperio está a salvo. Y recuerden: el infierno no está bajo tierra. Está en Lima, tiene hemiciclo, canal propio y 130 curules pagadas por ustedes.
Lucifer no necesitó tentar al Congreso peruano. Solo se sentó a observar cómo se desmoronaba la ética y florecía el descaro. No tuvo que ofrecer contratos. Solo encendió las cámaras. El resto lo hicieron solos: blindajes, mochasueldos, encubrimientos, discursos vacíos, leyes al servicio del crimen y una complicidad explícita con el desgobierno.
Mientras el país se ahoga en extorsiones, asesinatos, cobros de cupo y zonas tomadas por el crimen organizado, los congresistas peruanos duermen tranquilos en el calor de su impunidad. Y cuando despiertan, no es para legislar, sino para protegerse entre ellos y extender la estadía del desgobierno hasta 2026.
Desde esta trinchera de indignación, entre cenizas de lo que alguna vez fue esperanza y restos de una Constitución violada sin pudor, me despido. Soy El Capibara, periodista silvestre, libre y sin dueño. Mientras ustedes sueñan con una refundación, Lucifer les prepara otra legislatura.
Nos reencontramos en La Caja Negra, si es que no la archivan también.
