El Congreso de la República, ese monumento a la ineficiencia, ha decidido que la mejor forma de enfrentar su 93% de desaprobación es estrenar un eslogan: “Más cerca del Perú”. La frase suena a burla, a cachetada al sentido común, a un insulto a la paciencia ciudadana. Porque si algo ha quedado claro en estos años es que el Parlamento está más cerca de blindar a Dina Boluarte que de atender al país, más cerca de sus mochasueldos que de la educación, más cerca de repartir empleos entre amigos que de mejorar la salud pública. En resumen, el Congreso se ha convertido en una agencia de favores con membrete oficial.
El acuerdo 005-2025-2026/MESA-CR obliga a que el eslogan figure en todo documento y campaña institucional. Una orden ridícula: quieren imponer en el papel lo que no practican en la realidad. Y es que este Congreso es hoy sinónimo de blindaje, de impunidad y de un pacto silencioso con el Ejecutivo para sobrevivir hasta el 28 de julio de 2026. Dina Boluarte gobierna un país en piloto automático, tomado por bandas criminales, y los congresistas miran a otro lado. ¿Por qué? Porque ambos se necesitan: ella para que no la destituyan, ellos para mantener sus cuotas de poder.
Mientras tanto, la institución que debería fiscalizar se dedica a todo menos a legislar por el bien común. Blindar funcionarios investigados, garantizar mochasueldos, engordar nóminas con familiares y amigos, legalizar campañas disfrazadas de representación y, como cereza del pastel, discutir un aumento de sueldo. La narrativa es grotesca: un Parlamento con récord de desaprobación quiere cobrar más por hacer menos.
Y lo más cínico: varios congresistas ya se preparan para tentar la reelección en abril de 2026. Creen que podrán volver a venderse como salvadores cuando en realidad no han hecho nada por el pueblo que dicen representar. El cálculo es simple: se amparan en la indiferencia ciudadana y en el caos institucional para prolongar su permanencia en un sistema donde el fracaso se premia con inmunidad. Pero subestiman al país. Ningún ciudadano en su sano juicio debería volver a darles un voto de confianza.
El Congreso actual no solo es el peor de la historia: es un espejo roto que refleja todo lo que no debería ser una democracia. Se ha convertido en sinónimo de corrupción y estancamiento. Pretende acercarse al Perú a través de un eslogan cuando en la práctica vive atrincherado en sus privilegios. Lejos de fiscalizar al Ejecutivo, lo protege; en vez de enfrentar la crisis nacional, la agrava con su inacción. Y así, mientras las mafias se reparten las calles y la población sobrevive al desgobierno, los legisladores repiten con desparpajo que están “más cerca del Perú”.
Reflexión final
El eslogan oficial será usado en papeles, comunicados y redes, pero en la memoria del pueblo quedará grabado lo contrario: que este Congreso estuvo “más cerca del blindaje y más lejos del Perú”. Si algo merece esta clase política es un escarmiento ciudadano en abril de 2026, una derrota electoral que los devuelva al anonimato del que nunca debieron salir. Porque el Perú no necesita un Parlamento que sobreviva a costa de la miseria nacional, sino representantes que, de una vez por todas, se pongan al servicio del país y no de sí mismos.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
