Elecciones: elegiremos presidente para barrer los escombros

El calendario avanza, el Jurado Nacional de Elecciones afina fechas y la ONPE ensaya simulacros, como si estuviéramos en un Estado funcional. Pero debajo del protocolo, hay un país que se desangra.

El 12 de abril de 2026 elegiremos a quien tendrá que reconstruir un país saqueado, humillado y abandonado. Porque Dina Boluarte —quien permanecerá en Palacio hasta el último aliento de su mandato— no dejará una nación, sino un desastre en llamas. Con la complicidad servil de un Congreso dedicado a blindarse y legislar para los suyos, no para el pueblo, el “gobierno” actual ha convertido el Estado en un parque temático del desgobierno.

Boluarte no se va; permanece, como símbolo agónico de un régimen sin liderazgo, sin empatía y sin respuestas. Lo que su gestión dejará al próximo presidente no es una herencia: es un campo minado sin planos. Sicariato, cobro de cupos, extorsión, secuestros, tráfico de armas, minería ilegal, prostitución infantil y narcotráfico no son excepciones: son el día a día de millones.

La criminalidad es ahora un sistema paralelo más eficiente que el propio Estado. ¿Y la respuesta del gobierno? Silencio, inacción, o peor: simulacros de operativos que duran lo que dura la rueda de prensa. La inseguridad no ha crecido: ha tomado el poder.

Los hospitales son ruinas con placas conmemorativas. Los médicos son héroes sin recursos. No hay medicinas, no hay camas, no hay oxígeno. Lo único que sobra es indignación. El presupuesto se va en consultorías decorativas mientras miles mueren sin atención. Dina Boluarte ofreció continuidad. Y la cumplió: continúa el abandono, continúa el colapso.

Los colegios siguen sin agua, sin mobiliario, sin conectividad, sin esperanza. La educación está al borde de la irrelevancia. Mientras tanto, las UGEL están infiltradas por mafias que venden puestos, contratos, favores. Las aulas no educan: resisten. Porque enseñar en el Perú es hoy un acto de heroísmo.

Ni policías ni fiscales pueden operar con autonomía. La seguridad ha sido tercerizada a las rondas, los vecinos, o a la suerte. Las mafias tienen más recursos que el Ministerio del Interior. Y la justicia… bueno, la justicia está buscando estacionamiento.

El nuevo presidente o presidenta no recibirá una banda presidencial. Recibirá una camilla, un extintor y un rosario. Gobernará sobre los escombros del Estado, sin mayorías, sin brújula, sin respaldo institucional. Cada decisión será una operación de emergencia.

Mientras tanto, los partidos políticos hacen cola para el circo electoral. Hay 38 agrupaciones listas para presentarse como “la nueva esperanza”. Spoiler: no hay esperanza nueva. Solo actores antiguos con eslóganes reciclados. La democracia peruana no está en crisis. Está en cuidados intensivos sin seguro médico.

Reflexión final
El 12 de abril de 2026 votaremos no por ilusión, sino para evitar el colapso absoluto. Elegiremos entre lo malo, lo peor y lo inviable. Porque la política ya no promete cambios, solo administra ruinas.

Dina Boluarte seguirá allí hasta el último día, sentada en Palacio mientras el país arde. El nuevo presidente tendrá que apagar un incendio con un balde agujereado, mientras lo empujan desde el Congreso y lo sabotean desde las mafias.

Y aun así, iremos a votar. Porque aunque todo esté podrido, la alternativa sería dejar que el humo se convierta en ceniza.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

Lo más nuevo

Artículos relacionados