¿Ilusión electoral? ¿Esperanza democrática? El 12 de abril de 2026 los peruanos volverán a desfilar cabizbajos hacia las urnas, como quien va al dentista sin anestesia. Y es que, según Ipsos, el 48 % no tiene candidato, ni ganas, ni fe. Y no los culpo. ¿Acaso alguien cuerdo puede emocionarse al ver que los “favoritos” son Rafael López Aliaga (11 %) y Keiko Fujimori (7 %), con Carlos Álvarez como comodín cómico?
En el país del desgobierno permanente, el “voto” se ha convertido en una rutina absurda, un acto reflejo. Los mismos rostros, las mismas promesas huecas y el mismo olor a impunidad. Pero esta vez el escenario es peor: Dina Boluarte sigue en Palacio hasta el último minuto, atrincherada en su blindaje presidencial, mientras el país colapsa por todos los flancos.
Una elección sin alma en un país en ruinas. La encuesta de Ipsos lo confirma: los peruanos ya no creen en nadie, ni siquiera en sí mismos. No es que falten candidatos, es que sobran los impresentables. La carrera por la presidencia se ha convertido en un desfile de oportunistas que compiten por heredar un país quebrado, violento, saqueado y gobernado por el cinismo.
El “favorito”, López Aliaga, aún no sabe si postulará, pero ya lidera las encuestas con el entusiasmo de un bostezo. Keiko va por su cuarta oportunidad, como si el país fuera un experimento de laboratorio. Carlos Álvarez aparece con 5 %, entre la sátira y la política, como si no hubiéramos entendido la lección de elegir humoristas y esperar estadistas. ¿Y los demás? Hermanos de expresidentes procesados, exrectores, técnicos sin carisma y, claro, candidatos que se lanzan por si acaso pega.
Pero lo más trágico no es la oferta electoral. Es el contexto: Dina Boluarte seguirá como presidenta hasta que el nuevo mandatario asuma en julio de 2026, dejando tras de sí una institucionalidad en ruinas, un país al borde del colapso y una montaña de decretos, blindajes y nombramientos diseñados para protegerla legalmente cuando deje el poder.
Lo de abril de 2026 no será una elección: será una ceremonia de resignación colectiva. El país no elegirá al mejor líder, sino al que cause menos arcadas. Y mientras los candidatos ensayan sus frases vacías, el crimen organizado gobierna barrios enteros, los hospitales se caen a pedazos y la educación pública es una anécdota trágica.
El próximo presidente o presidenta no heredará un país: heredará un incendio. Y deberá reconstruir desde los escombros dejados por Boluarte, el Congreso, los partidos zombi y la indiferencia de un pueblo que ha aprendido a sobrevivir sin Estado.
Reflexión final: El silencio del pueblo no es paz, es decepción
Cuando el 48 % no tiene candidato es porque el sistema logró lo que quería: una democracia sin ciudadanos. Hemos pasado de elegir entre malos y peores a preguntarnos si vale la pena seguir eligiendo. El verdadero ganador de 2026 será el desencanto. Y mientras tanto, en Palacio, Dina espera. Silenciosa, calculadora, blindada. Y nosotros, como siempre, a la espera de que esta vez sea distinto. Aunque sabemos que no lo será.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
