Artesanía peruana conquista 43 países con exportaciones

La artesanía peruana, heredera de tradiciones milenarias y a la vez expresión de innovación contemporánea, continúa abriéndose paso en los mercados internacionales. Entre enero y julio de 2025, las exportaciones alcanzaron los US$ 19.8 millones, llegando a 43 países, según la Asociación de Exportadores del Perú (Adex). Más allá de las cifras, este dinamismo representa la posibilidad de transformar la vida de miles de familias artesanas y de consolidar al Perú como un país que, además de sus materias primas, exporta identidad cultural y creatividad.

Estados Unidos sigue siendo el principal destino, con más de US$ 12 millones (60.6% del total), seguido de Canadá, Alemania, Suiza y Japón. Sin embargo, los mayores crecimientos provinieron de Austria (+242%) y Reino Unido (+118%), evidenciando la capacidad de la artesanía peruana para ganar terreno en nichos emergentes. Esta diversificación es vital: fortalece la resiliencia del sector frente a crisis globales y abre nuevas puertas en regiones donde lo hecho a mano, sostenible y con historia, tiene cada vez mayor valor.

Los productos más demandados son juguetes, suéteres de algodón y lana, estatuillas de cerámica, cardigans y artículos de peletería de alpaca. Cada pieza no solo es un objeto decorativo o utilitario, sino también un testimonio de identidad cultural que conecta al consumidor extranjero con las raíces andinas y amazónicas.

Melissa Vallebuona Peña, gerente de Manufacturas de Adex, enfatizó la necesidad de incluir a más artesanos de regiones del interior en la cadena exportadora. Tras la pandemia, muchos se vieron obligados a diversificar actividades, alejándose de su vocación artesanal. Recuperar esa fuerza productiva es estratégico: significa rescatar talento, preservar técnicas ancestrales y ofrecer nuevas oportunidades económicas a comunidades vulnerables.

Un censo especializado de artesanos, como el propuesto por Adex, permitiría dimensionar la magnitud real de este sector y diseñar políticas públicas y privadas para fortalecerlo. Ello evitaría que los “invisibles” de la economía sigan al margen del comercio internacional y contribuiría a cerrar brechas sociales y económicas en zonas rurales.

La próxima edición de la feria Expoalimentaria será clave. Empresas como Allpa, Sumaq Qara, Platería Rocío y Woodflair mostrarán en el pabellón Gifts & Souvenirs piezas de textilería, joyería, cerámica, madera y peletería ante compradores de los cinco continentes. Estos espacios de networking son esenciales para conectar la creatividad local con las cadenas de valor internacionales, y para visibilizar que la artesanía no es un pasatiempo, sino una industria cultural que genera empleo, ingresos y orgullo nacional.

Según el Mincetur, en 2023 existían más de 62,000 artesanos registrados en Puno, Cusco, Piura, Cajamarca y Lima. Cada uno representa no solo una familia, sino también una cadena de transmisión cultural. Al exportar, se protege un patrimonio intangible que podría perderse si no se valoriza adecuadamente. Además, se promueve la equidad de género, ya que gran parte de los artesanos son mujeres que encuentran en la artesanía una vía de independencia económica y empoderamiento social.

Las exportaciones de artesanía peruana son mucho más que cifras: son un recordatorio de que la cultura, cuando se articula con la economía, genera desarrollo sostenible e inclusivo. En un mundo que demanda autenticidad y responsabilidad social, la artesanía peruana tiene la oportunidad de posicionarse como un símbolo de resistencia cultural, creatividad e innovación responsable. El reto es claro: articular Estado, empresa y sociedad civil para que cada pieza que salga del Perú sea también una oportunidad de justicia social, preservación cultural y crecimiento económico compartido.

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