Entrevista desde el más allá: Cantinflas habla sobre César Acuña

En el mundo de las letras, hay poetas. En la política peruana, hay experimentos. Y en medio de ambos extremos, hay una galaxia entera habitada por César Acuña: empresario, político, editor de sí mismo y artista conceptual del idioma español. Hoy me honra desde la eternidad un experto en desvaríos verbales, el gran Mario Moreno “Cantinflas”, para analizar las frases que han hecho del señor Acuña una institución lingüística en ruinas… pero con título. Aquí empieza nuestra odisea entre verbos inconexos, multiplicaciones incompletas y asesorías divinas.

Capibara: Don Mario, gracias por recibirnos desde el más allá para analizar a este ilustre personaje que ha revolucionado el idioma.

Cantinflas: ¡Hombre, no hay de queso, nomás de papa! Cuando me dijeron que íbamos a hablar de un pensador, me alisté con diccionario y todo. Pero al escuchar las frases del señor Acuña, me di cuenta de que no era un pensador, sino más bien… un improvisador con fe. Un inventor de frases que ni el mismo idioma reconoce.

Capibara: Empecemos con la legendaria: “Un pobre no es por falta de dinero”.

Cantinflas: ¡No, no, momentito, joven! Esa frase es de antología. Es como decir que uno no está mojado por culpa del agua. Entonces, ¿de qué es pobre el pobre? ¿De entusiasmo, de autoestima, de serotonina? ¡No, hombre! Esta es una redefinición de la pobreza que ni Marx, ni Adam Smith, ni el banco de la esquina se esperaban.

Capibara: También dijo: “Hago mi tesis porque el libro ya está escrito”.

Cantinflas: ¡Pues claro! ¿Para qué investigar si ya alguien lo hizo? Es más, deberíamos cerrar las universidades y poner una fotocopiadora gigante. Si el conocimiento ya existe, ¿para qué molestarse en pensar? ¡Total, pensar desgasta! Yo también podría decir: “Cocino porque ya hay fuego” o “Soy arquitecto porque ya existen los ladrillos”.

Capibara: ¿Y qué tal esta: “Dios es mi asesor”?

Cantinflas: ¡Ah, bueno! Ahí se acabó el debate. ¿Quién puede discutir con Dios? Aunque, debo confesar, nunca vi a Dios firmar ninguna tesis ni aprobar un presupuesto. Pero claro, si Dios es su asesor, ahora entiendo por qué cuando le preguntaron cuánto es 7×8, se quedó esperando revelación divina. Porque, querido Capibara, ni Dios puede con la aritmética cuando el discípulo no pasó de la tabla del 5.

Capibara: Hablando de multiplicaciones… cuando le preguntaron cuánto es 7×8, no pudo responder.

Cantinflas: ¡Eso fue histórico! Esa fue la primera vez que la tabla de multiplicar hizo una denuncia pública por abandono. Yo he visto a niños sudar con esa pregunta, pero nunca a un candidato presidencial mirar al vacío como si 7×8 fuera un acertijo del oráculo de Delfos.

Capibara: Dijo también: “César Acuña no improvisa, solo dice lo que piensa”.

Cantinflas: Mire, joven, eso es lo más aterrador que ha dicho. Porque si todo lo que dice es pensado… entonces el problema no es del idioma, es del pensamiento. ¡Estamos ante un caso de sinceridad brutal, sin corrector ortográfico ni neurona filtro!

Capibara: ¿Y qué le parece esta otra joya: “Mi mejor acto de corrupción es no tener actos de corrupción”?

Cantinflas: ¡Ahí sí me deja sin palabras! Es como decir: “Mi mayor crimen fue no cometer ninguno”. ¡Eso es tan confuso como poético! ¡Hasta Kafka se levantaría para aplaudir esa paradoja sin pies ni cabeza!

Capibara: Algunos proponen estudiar su lenguaje como un nuevo campo académico.

Cantinflas: ¡Y con razón! Yo propongo abrir la Facultad de Acuñología Aplicada, con cursos como:
• Semántica sin sentido: frases que suenan, pero no significan nada.
• Retórica confusa: cómo hablar mucho y decir poco.
• Teología práctica: cómo convertir a Dios en asesor de campaña.
• Aritmética divina: tabla del 7×8 mediante fe y esperanza.
• Taller de Tesis Expres: “Hacer como que hice porque otro ya lo hizo”.

Capibara: ¿Qué reflexión le deja todo esto?

Cantinflas: Que estamos ante una evolución del lenguaje y la política… hacia atrás. Es como ver un discurso en cámara lenta pero con el audio en reversa. Uno ríe, claro que sí, pero también llora un poco por dentro. Porque el idioma es el reflejo del pensamiento… y si este es el reflejo, estamos fritos.

Queridos lectores: hoy confirmamos que hay frases que desafían a la gramática, a la lógica, al sentido común… y a la tabla del 7. César Acuña es más que un político; es un laboratorio viviente de anomalías lingüísticas. Un filósofo sin teoría, un matemático sin tabla, un creyente sin cálculo.

Desde el más allá, Cantinflas y yo nos despedimos. Pero si mañana escuchan que “el Perú necesita de un Acuña porque ya se inventó el idioma”, no se preocupen… solo estén seguros de llevar una calculadora, un traductor y un rosario.

Con cariño silvestre, El Capibara Periodista libre, sin dueño y sin tabla de multiplicar.

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