El “oro azul” que impulsa al Perú: el arándano conquista el mundo

El agro peruano vuelve a ser motivo de orgullo nacional. Esta vez, el protagonista es el arándano, una fruta que en pocos años ha pasado de ser un cultivo experimental a convertirse en emblema del liderazgo agrícola global. Según el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa), entre mayo y septiembre de 2025 el Perú exportó más de 135 mil toneladas, un aumento del 92,9 % respecto al mismo periodo del año anterior. De mantenerse este ritmo, el país cerrará la campaña 2025–2026 con más de 400 mil toneladas exportadas, consolidando su posición como primer exportador mundial del “oro azul”.

Este éxito no es fortuito. Es el resultado de una cadena agroexportadora que combina tecnología, calidad y sostenibilidad. Hoy, el arándano peruano llega a 38 destinos internacionales, con Estados Unidos, Países Bajos y China como principales compradores. Cada uno de estos mercados exige estándares rigurosos en trazabilidad, inocuidad y presentación, requisitos que el sector peruano ha logrado cumplir gracias al compromiso de sus productores y a la profesionalización del agro en regiones como La Libertad, Lambayeque, Ica y Áncash.

El liderazgo peruano se explica también por la diversidad genética del cultivo: el país produce alrededor de 65 variedades, aunque el 80 % se concentra en nueve tipos, entre ellas Ventura, Biloxi, Sekoya Pop, Rocío y Mágica. Esta diversidad le permite adaptarse a distintas condiciones climáticas y garantizar una oferta constante durante todo el año, una ventaja estratégica frente a competidores como Chile, España y Marruecos.

La expansión hacia nuevos mercados es otro hito. En 2025, Bolivia e Indonesia se incorporaron como destinos comerciales, mientras que se avanza en gestiones fitosanitarias para ingresar a Vietnam, Japón y Nueva Zelanda. “Seguiremos diversificando destinos y consolidando el prestigio del arándano peruano como producto de excelencia”, destacó Vilma Gutarra, jefa del Senasa, al resaltar la importancia de una producción responsable y sostenible.

El “boom” del arándano ha transformado las economías rurales del norte y sur del país. Miles de familias han pasado de la informalidad agrícola a empleos estables en empresas exportadoras certificadas. Se estima que la industria genera más de 120 mil puestos de trabajo directos e indirectos, muchos ocupados por mujeres, jóvenes y comunidades locales. Además, el sector impulsa la innovación tecnológica, la capacitación laboral y el fortalecimiento de la identidad regional.

Pero este avance plantea también desafíos éticos y estructurales: mantener buenas condiciones laborales, proteger los recursos hídricos y garantizar que la expansión agrícola no afecte la biodiversidad. En este sentido, el modelo de producción del arándano peruano se convierte en una oportunidad para demostrar que la rentabilidad puede ir de la mano con la responsabilidad social y ambiental.

El crecimiento del arándano simboliza el potencial del Perú para liderar con visión, innovación y sostenibilidad. Detrás de cada contenedor exportado hay una historia de esfuerzo colectivo, tecnología aplicada y orgullo nacional.

Hoy, el “oro azul” no solo alimenta mercados globales: nutre la esperanza de un país que apuesta por su gente y por un desarrollo justo y sostenible. Si el Perú sigue cultivando con ética, innovación y compromiso, el futuro del agro —como el color del arándano— seguirá brillando intensamente en el mapa del mundo.

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