Dardos de campaña: López Aliaga apunta a Boluarte y Jerí

Rafael López Aliaga volvió al ring con dardos en ambas manos: uno contra Dina Boluarte por “inacción” en seguridad, otro contra José Jerí por la sospecha de continuidad. El timing no es casual: temporada preelectoral. El mensaje es simple y efectivo para la tribuna: “yo advertí, ellos fallaron”. El problema es otro: mucha pirotecnia, poco plano de obra. El país no necesita fuegos artificiales; necesita un manual de instalación con fechas, responsables y control ciudadano.

El primer dardo, dirigido a Boluarte, reescribe el pasado con la comodidad del presente. López Aliaga dice haber insistido, propuesto y exigido. Bien. Entonces, muestre el expediente: ¿qué propuesta técnica concreta entregó?, ¿qué metas trimestrales planteó?, ¿qué mecanismos de transparencia propuso para blindar compras y proteger a fiscales y testigos? Sin esa carpeta, el dardo es relato de campaña: golpea fuerte, pero no perfora.

El segundo dardo, para Jerí, funciona como ultimátum mediático: o reasigna prioridades en seguridad ya, o será “más de lo mismo”. La fiscalización es sana, el chantaje del titular no. Si la vara es alta, que tenga métricas: reducción de homicidios por distrito, desarticulación de bandas con seguimiento patrimonial, tiempos forenses medibles, patrullaje inteligente con datos abiertos mensuales, auditorías externas de adquisiciones sensibles. La seguridad es ingeniería institucional, no estribillo.

Ambos dardos revelan el guion de campaña: polarizar, simplificar, personalizar. Vacar a una presidenta no desmantela una sola red de extorsión; advertir a un presidente no instala, por sí, laboratorios balísticos ni unidades de investigación robustas. Se requieren políticas criminales sostenidas, coordinación interinstitucional, presupuesto trazable y rendición de cuentas. Y se requiere coherencia: no se puede aplaudir el blindaje ayer y vender “hartazgo” hoy sin explicar el giro.

López Aliaga acierta en el diagnóstico obvio —la inseguridad duele—, pero su terapia de micrófono no reemplaza la medicina de Estado. Si su propósito es más que titular, que convierta la crítica en plan verificable: prioridades, cronograma, indicadores públicos, candados de control y responsables con nombre y apellido. Sin eso, el dardo es campaña, no solución.

Reflexión final
A Boluarte se le debe exigir lo que no hizo; a Jerí, lo que debe hacer ya. Pero a quien aspira a gobernar se le pide algo más que puntería: coherencia, método y rendición de cuentas. El país no necesita flechas que hacen ruido; necesita resultados que hacen diferencia. Menos campaña, más Estado.

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