Ningún candidato presidencial supera el 10% de intención de voto

A 150 días del 12 de abril, la última encuesta nacional de Ipsos para Perú21 deja una postal inquietante: ningún precandidato presidencial supera el 10% de intención de voto. Rafael López Aliaga marca 9%, Keiko Fujimori 8%, Mario Vizcarra 7% y Carlos Álvarez 4%. El resto disputa migajas. No estamos ante una competencia reñida de liderazgos fuertes, sino ante una carrera de enanos políticos midiendo quién es el menos rechazado.

Hay un dato que muchos celebran con ligereza: el bloque “blanco, viciado o ninguno” baja de 39% a 30% en un mes. La tentación es leerlo como “la gente ya se está decidiendo”. Más bien parece que una parte del país, agotada, empieza a resignarse a escoger entre opciones que no la representan. Aun así, un 12% sigue sin precisar su voto. Casi la mitad del electorado continúa en retirada o en silencio frente a un menú que no genera confianza.

El desagregado territorial y social revela lo que la política se niega a admitir: no hay proyecto de país, hay feudos. López Aliaga depende de Lima (16%) y se desinfla en el interior; Keiko Fujimori también se sostiene más en la capital que en las regiones; Mario Vizcarra crece fuera de Lima pero registra 0% en el nivel socioeconómico A; Carlos Álvarez mantiene un modesto, pero parejo, 4% en todo el país. Son candidaturas que hablan a burbujas ideológicas, territoriales o de clase, pero no logran articular un relato nacional que cruce esas fronteras.

En paralelo, las series históricas muestran que llevamos meses atrapados en el mismo bucle: nadie despega, la suma de blancos, viciados e indecisos ronda entre 40% y 50%, y la primera minoría real es el desencanto. Ipsos ya lo advertía desde agosto: el ganador visible de la campaña es el rechazo a la clase política en su conjunto. Nada de lo que ha ocurrido desde entonces parece haber cambiado esa tendencia de fondo.

El riesgo es evidente: llegar a primera vuelta con una docena de candidaturas débiles, sin mayorías claras, y repetir el libreto de 2016, 2021 y 2022: segunda vuelta convertida en duelo de miedos, Ejecutivo sin base sólida y Congreso fragmentado, perfecto caldo de cultivo para la parálisis, el chantaje y la tentación autoritaria.

Que nadie pase del 10% no es un accidente estadístico; es la factura de décadas de partidos vaciados, liderazgos personalistas y promesas sin contrato. Si quienes encabezan las encuestas pretenden gobernar algo más que su propia burbuja, deben presentar planes verificables, equipos visibles, metas medibles en seguridad, empleo, salud, educación y lucha anticorrupción. No basta con sobrevivir al sondeo del mes: hay que demostrar que se entiende el tamaño del país que dicen querer conducir.

Reflexión final
La cifra clave no es el 9%, 8% o 7%, sino ese 30% que todavía prefiere votar blanco, viciado o por nadie. Ese tercio puede castigar o premiar el 12 de abril. La tarea ciudadana es no dejar que el cansancio nos empuje a “votar por costumbre” y usar la encuesta como advertencia, no como sentencia: exigir seriedad a una clase política que ya agotó sus excusas.

Ficha técnica (Ipsos Perú / Perú21, noviembre 2025).
Encuesta nacional urbano-rural realizada el 6 y 7 de noviembre de 2025 a 1,210 hombres y mujeres mayores de 18 años; margen de error: ±2.8 puntos porcentuales; nivel de confianza: 95%; muestreo probabilístico por etapas.

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