Marcelino tiene 125 años: hábitos simples que inspiran salud y vida

Marcelino Abad Tolentino, conocido cariñosamente como “Machico”, no solo sorprende por sus 125 años, sino por la serenidad con la que su historia ilumina una pregunta que todos nos hacemos alguna vez: ¿qué sostiene una vida larga? Desde Huánuco, su caso despierta admiración y, sobre todo, una oportunidad para mirar la longevidad desde el lado más útil: hábitos cotidianos, alimentación natural y una rutina con sentido.

Marcelino nació el 5 de abril de 1900 y, aunque su biografía está marcada por tiempos duros —orfandad temprana, vida austera y décadas de cambios en el país— su día a día tuvo un eje constante: la tierra. Sembrar, cosechar y comer lo que él mismo producía fue su forma de vivir. En términos de salud, eso se traduce en algo simple y poderoso: alimentos frescos, poco procesados y de origen conocido. Una dieta basada en productos naturales suele aportar más fibra, vitaminas y minerales, y reduce el consumo de exceso de sal, azúcar y grasas industriales.

Su historia también muestra un segundo pilar: movimiento funcional. Trabajar la chacra implica caminar, cargar, agacharse, levantarse y mantenerse activo sin necesidad de rutinas complicadas. En la salud moderna, eso es oro: mantenerse en movimiento durante décadas favorece el corazón, la circulación, el metabolismo y la fuerza muscular, claves para llegar con mejor calidad de vida a edades avanzadas.

Hay un tercer elemento que suele pasar desapercibido: la autonomía. Incluso hoy, viviendo en una casa de reposo, Marcelino mantiene decisiones propias: elige su ropa, conserva su morral y no suelta su costumbre de llevar agua. Son detalles, pero hablan de una mente que busca orden, control y continuidad. La salud mental también se construye con rutinas simples y con la sensación de seguir siendo protagonista de la propia vida.

Y hay un cuarto componente que emociona: el vínculo afectivo con los animales. Su cuidado por los conejos no es solo una anécdota tierna; es un factor protector. Tener un motivo diario, cuidar a otro ser vivo y sostener una relación de compañía reduce estrés, aporta calma y mantiene activo el sentido de propósito, algo que muchas investigaciones asocian con mayor bienestar en la vejez.

Por supuesto, la longevidad no depende de una sola receta. Intervienen genética, entorno, acceso a cuidados y suerte. Pero la vida de Marcelino sí deja un mensaje práctico: comer simple, moverse, hidratarse y sostener rutinas con sentido.

Más que un récord, Marcelino representa un espejo amable: la longevidad puede construirse con hábitos accesibles, repetidos con constancia, y con una vida conectada a lo esencial.

Reflexión final
En un país que corre, su historia recuerda que la salud también crece lento, como la siembra. Volver a lo natural, cuidar el cuerpo con movimiento diario y alimentar el ánimo con vínculos y propósito quizá no garantice 125 años, pero sí algo igual de valioso: más vida dentro de la vida. (Foto: Diario Correo).

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