Cuando el dólar parecía encaminarse a una caída más prolongada, el mercado hizo una pausa. Lejos de ser una contradicción, ese “freno” es parte natural de un sistema donde el tipo de cambio responde —casi en tiempo real— a señales internacionales, expectativas de tasas y datos económicos. En su análisis reciente, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) explicó por qué el dólar dejó de bajar con fuerza hacia fines de enero y durante febrero, ofreciendo claves valiosas para empresas que importan, exportan, fijan precios o gestionan deudas en moneda extranjera.
El primer factor fue externo. El BCRP señaló que, en la semana de referencia, el dólar se apreció en los mercados internacionales luego de difundirse datos positivos de actividad en Estados Unidos y tras conocerse minutas de la Reserva Federal con posiciones distintas sobre el rumbo de las tasas. En otras palabras: el mercado revaluó la probabilidad de que el costo del dinero en EE. UU. no baje tan rápido, y eso suele fortalecer al dólar globalmente.
Esa apreciación se reflejó en su desempeño frente a monedas líderes. El BCRP destacó movimientos como la apreciación frente al euro (0,8%) y frente al yen (1,3%), lo que ayuda a entender por qué el dólar “tomó aire” incluso si, en el mediano plazo, la tendencia puede volver a moderarse.
¿Y en Perú? El tipo de cambio local acompañó, con fluctuaciones acotadas. Para el 24 de febrero de 2026, el nivel referencial se ubicó alrededor de S/ 3,36: la SBS reportó 3,3580 como tipo de cambio contable, mientras que medios económicos informaron cierres interbancarios en torno a 3,3568. Este rango confirma un punto clave para el sector empresarial: más que un salto brusco, el mercado vivió una corrección ordenada.
Además, el entorno macro peruano aporta un colchón. El BCRP informó que en el IV trimestre de 2025 los términos de intercambio subieron 25,4% interanual, impulsados por mejores precios de exportación, especialmente de metales como oro, cobre y zinc, asociados a demanda estructural (transición energética y data centers), restricciones de oferta y factores geopolíticos. Ese contexto favorece el ingreso de divisas y ayuda a sostener la estabilidad cambiaria.
El dólar no “dejó” de bajar por capricho: reaccionó a información nueva. Para las empresas, la lectura es constructiva: el tipo de cambio se mueve con lógica y, con buena información, puede gestionarse.
Reflexión final
La oportunidad está en profesionalizar la toma de decisiones: coberturas cambiarias cuando el margen lo exige, presupuestos con escenarios y seguimiento semanal de señales del BCRP. En un mundo volátil, no gana quien adivina el precio del dólar: gana quien se prepara para sus movimientos.
