En el Perú emprender no es solo abrir un negocio: muchas veces es rescatar una historia, convertirla en producto y competir con estándares globales. Eso es exactamente lo que lograron Fanny y Patricia Tovar, dos hermanas que transformaron la memoria de su tierra en una marca con ambición internacional: un vodka high end elaborado con papa huanuqueña, pensado para una categoría donde el consumidor exige pureza, técnica, consistencia y relato. Su caso demuestra que la innovación no siempre nace de lo “nuevo”, sino de mirar lo propio con mentalidad empresarial.
El corazón del proyecto está en una idea potente: elevar un insumo emblemático del Perú —la papa— a un destilado premium capaz de pararse al lado de etiquetas internacionales. La protagonista es la papa amarilla Ambo, cultivada en Huánuco a más de 3,500 m s. n. m., reconocida por su aroma, textura y sabor. Allí donde el mercado suele ver un alimento cotidiano, ellas vieron una posibilidad: convertir un patrimonio agrícola en un “signature ingredient” de alta gama.
Esa apuesta requirió más que romanticismo. El emprendimiento empezó como sueño familiar en 2016 y tomó forma con una destilería propia (2017), equipada con tecnología de precisión. Y aquí aparece la lección empresarial: competir en premium exige proceso. El vodka no se sostiene solo con storytelling; se sostiene con técnica. Por eso, su método combina alambiques de cobre, rectificación en torres de 16 platos (equivalente a múltiples destilaciones) y agua purificada por ósmosis inversa, buscando un perfil limpio, suave y refinado, con notas delicadas que distinguen el producto sin sobrecargarlo.
El camino tuvo pruebas, ajustes y hasta una pausa forzada en 2020, pero en 2021 lograron el perfil definitivo de su primer gran producto: un vodka que une peruanidad con un destilado global. La validación llegó cuando el mercado internacional —más frío y exigente— empezó a mirar el producto con respeto, respaldado por reconocimientos y una propuesta consistente.
Además, la marca entendió algo clave: el premium no se construye con un solo lanzamiento. Por eso amplió su portafolio con propuestas como gin y una línea pensada para públicos más jóvenes, manteniendo un estándar de destilación alto sin perder el sello de origen.
El emprendimiento de estas dos mujeres es una señal positiva para el país: el Perú no solo puede exportar materias primas; también puede exportar marcas, categorías y prestigio, con identidad y gestión.
Reflexión final
Cuando el talento femenino se combina con tecnología, disciplina y orgullo por el origen, el resultado no es solo un buen producto: es un mensaje de futuro. Huánuco, la papa y la tradición pueden convertirse en valor agregado real. Y esa es una ruta empresarial que el Perú debería multiplicar: transformar identidad en industria, y memoria en competitividad. (Foto: Peru 21).
