Irak con problemas para llegar a México y pide aplazar Repechaje

Irak no pidió ventaja. Pidió algo más básico: llegar. A semanas del repechaje rumbo al Mundial 2026 en Monterrey, la selección iraquí enfrenta un obstáculo que no se resuelve con discursos motivacionales ni con “fair play”: no pueden salir de su país por el cierre del espacio aéreo y las afectaciones de vuelos derivadas del conflicto en Medio Oriente. Por eso solicitaron aplazar el partido. Y, como suele ocurrir cuando el problema no cabe en una campaña publicitaria, la respuesta se diluye entre silencios, trámites y “alternativas” que suenan a burla.

El Mundial se vende como fiesta universal, pero en la práctica funciona como un privilegio logístico. Si tu pasaporte abre puertas, viajas. Si tu país queda atrapado en un tablero geopolítico, “arréglatelas”. A Irak —según lo reportado— le habrían sugerido cruzar por carretera hasta Turquía para recién volar desde allí: un trayecto largo, extenuante y con zonas de riesgo. En castellano simple: que el fútbol se juegue, aunque el camino sea una ruleta.

Y a eso se suma el otro filtro del deporte moderno: las visas. Se habla de concentrar en Houston, de preparar el partido como corresponde, pero todavía hay permisos pendientes. El repechaje, entonces, deja de ser un duelo deportivo y se convierte en una carrera de obstáculos administrativos. ¿Qué sentido tiene hablar de “mérito” si el primer rival es el sello consular?.

Aquí el punto no es solo Irak. Es el mensaje institucional: FIFA organiza un torneo de 48 selecciones, presume planificación milimétrica, vende cifras astronómicas… pero cuando una selección avisa que no puede viajar por causas objetivas, la solución parece improvisada, desigual y peligrosa. Todo muy moderno: estadios de última generación, drones, pantallas gigantes… y, al mismo tiempo, una organización incapaz de blindar un principio mínimo: que todos compitan en condiciones comparables.

Si el repechaje se mantiene a cualquier costo, ¿qué se está premiando? ¿La calidad futbolística o la capacidad de sobrevivir al viaje? Y si se aplaza, ¿por qué no hay un protocolo claro, público y transparente, para estas contingencias? Lo que hoy parece “un caso aislado” mañana puede ser el precedente de un Mundial que decide quién participa según quién logra llegar.

Irak pide aplazar porque no puede viajar con seguridad y normalidad. FIFA debe decidir pronto, pero sobre todo debe decidir bien: con criterios claros, comunicados completos y garantías reales. El fútbol no puede exigir heroísmo logístico para jugar 90 minutos.

Reflexión final
Si el Mundial 2026 quiere ser “la gran fiesta del planeta”, que empiece por lo elemental: asegurar rutas seguras, tiempos razonables y reglas iguales. Y un llamado directo a las autoridades organizadoras y a FIFA: menos frases tranquilizadoras y más decisiones verificables. Porque cuando el repechaje depende de carreteras riesgosas y permisos tardíos, el espectáculo ya no es fútbol: es desigualdad con transmisión internacional. (Foto: El Frente).

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