Nuevo retiro AFP: el dinero es del afiliado, no del sistema

Cada vez que se plantea un nuevo retiro de AFP, reaparece el mismo libreto: las administradoras alertan sobre el futuro, los técnicos advierten sobre la jubilación y una parte del debate vuelve a tratar al afiliado como si no pudiera decidir sobre su propio dinero. Sin embargo, en el Perú real, donde millones de personas enfrentan deudas, ingresos insuficientes, empleo precario y una economía que no termina de estabilizarse, el noveno retiro de hasta 4 UIT no solo es entendible. También resulta legítimo. Porque antes que un fondo abstracto administrado desde el escritorio, ese dinero pertenece al trabajador.

La propuesta para permitir el retiro voluntario de hasta S/22.000 vuelve a poner sobre la mesa una verdad básica que muchas veces se intenta diluir: las AFP administran recursos ajenos, no propios. No están defendiendo una riqueza institucional ni un patrimonio público intocable. Están administrando el ahorro de millones de afiliados que, en muchos casos, hoy necesitan liquidez más que promesas lejanas sobre una jubilación que el propio sistema nunca supo volver confiable.

Ese es el punto de fondo. Las AFP suelen reaccionar con resistencia porque cada retiro les reduce fondos administrados, y con ello afecta también su negocio. Pero el debate no puede seguir girando solo alrededor de la estabilidad del sistema financiero, como si la vida cotidiana del afiliado fuera una variable secundaria. En un país donde mucha gente necesita resolver urgencias inmediatas —alquiler, educación, salud, alimentación, deudas— impedir el acceso a sus propios recursos termina pareciendo menos una defensa previsional que una imposición desconectada de la realidad.

Además, no se puede exigir sacrificios absolutos en nombre de un sistema que hace años arrastra descrédito. Si millones de afiliados prefieren retirar antes que dejar sus fondos inmovilizados, no es por capricho. Es porque la confianza en el modelo está deteriorada. El ciudadano ya no ve a las AFP como garantía de tranquilidad futura, sino como estructuras que piden paciencia mientras el presente aprieta. Y cuando la urgencia económica golpea, el argumento técnico pierde fuerza frente a la necesidad concreta.

Por supuesto, lo ideal sería vivir en un país donde nadie tuviera que tocar su ahorro previsional para sobrevivir o respirar financieramente. Pero ese país no existe hoy. El Perú actual no ofrece estabilidad suficiente como para exigir a los ciudadanos una obediencia ciega al largo plazo mientras el corto plazo los ahoga. En ese contexto, el retiro no es irresponsabilidad. Es defensa propia.

Estar a favor del retiro AFP no implica negar la importancia de la jubilación. Implica reconocer que ningún sistema previsional puede sostenerse legítimamente si les da la espalda a las urgencias reales de quienes lo financian. Y en esta coyuntura, permitir el acceso voluntario a hasta 4 UIT es una medida razonable.

Reflexión final
El verdadero escándalo no es que un afiliado quiera retirar su dinero. El verdadero escándalo es que el país siga sin construir una economía y una reforma previsional que le permitan no necesitar hacerlo. Mientras eso no ocurra, defender el retiro no es atacar el futuro. Es reconocer que, para millones de peruanos, el presente ya se volvió demasiado pesado como para seguir esperando. (Foto: Exitosa).

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