Lista de congresistas que buscaron reelegirse y quedaron fuera

Las Elecciones 2026 no solo han redistribuido escaños: también han dejado una lista política cargada de significado. Varios congresistas del actual Parlamento que buscaban reelegirse quedaron fuera del próximo Congreso bicameral porque sus partidos no superaron la valla electoral. Allí figuran nombres como Jorge Montoya, Guido Bellido, Sigrid Bazán, Edward Málaga, Isabel Cortez, Nieves Limachi, Óscar Zea, Katy Ugarte, Héctor Valer y Edgar Tello, entre otros. El dato, por sí solo, ya dice bastante. Pero leído con cuidado, dice más: una parte del electorado decidió cerrarles el paso a rostros conocidos que intentaron prolongar su presencia en el poder bajo nuevas siglas, nuevas alianzas o viejas fórmulas recicladas.

La lista no retrata únicamente una derrota electoral. Retrata, sobre todo, el desgaste de una manera de hacer política. Jorge Montoya postuló al Senado con SíCreo; Guido Bellido, con Podemos Perú; Sigrid Bazán, a Diputados por Venceremos; y Edward Málaga, por País para Todos. Ninguna de esas apuestas alcanzó para cruzar la valla. Lo mismo ocurrió con Isabel Cortez y Nieves Limachi en Perú Primero, con Óscar Zea y Katy Ugarte en Progresemos, y con Carlos Zeballos Madariaga y Alex Flores en Cooperación Popular. El mapa del fracaso no fue puntual: fue transversal.

Aquí la lección es incómoda para quienes creyeron que el cambio de camiseta podía funcionar como cirugía estética electoral. Durante años, el Congreso ofreció demasiadas veces una imagen de confrontación permanente, leyes polémicas, bancadas inestables y trayectorias atravesadas por el cálculo antes que por la convicción. La crónica del proceso recuerda que varios de estos nombres estuvieron vinculados a decisiones altamente cuestionadas, a cambios sucesivos de partido y a un desempeño legislativo discutido por la ciudadanía. El votante puede tardar, pero no siempre olvida.

También quedaron fuera figuras tradicionales que pretendían volver a escena. En el APRA fracasaron los intentos de Jorge del Castillo, Mauricio Mulder, Nidia Vílchez, Javier Velásquez Quesquén y Carla García. Del mismo modo, exministros del gobierno de Dina Boluarte como Juan José Santiváñez, César Vásquez y César Sandoval, que postularon por Alianza para el Progreso, tampoco lograron sostenerse. El golpe, por tanto, no solo alcanzó a congresistas en funciones: también golpeó a apellidos históricos y a operadores que suponían que aún conservaban reserva política.

El contexto tampoco es menor. Perú llegó a estas elecciones en medio de una fuerte fragmentación, con 35 candidaturas presidenciales y una crisis persistente de representación que distintos analistas han descrito como una señal del deterioro del sistema político. En ese escenario, la valla electoral dejó de ser un trámite técnico y se convirtió en un filtro de supervivencia. Muchos no lo pasaron porque la ciudadanía, simplemente, ya no quiso seguir premiando incoherencia, transfuguismo y desgaste.

Que esta lista haya quedado fuera no significa, automáticamente, que el próximo Congreso será mejor. Pero sí deja una señal democrática relevante: el voto también puede funcionar como correctivo. Y en un país donde demasiadas veces el poder parece reciclarse con sorprendente facilidad, ese correctivo no es poca cosa.

Reflexión final
La lista de los que no pasaron la valla no debería leerse como un simple inventario de derrotas personales. Es, más bien, una radiografía del cansancio ciudadano. Porque cuando el elector decide no renovar a quienes ya conoce demasiado, lo que está diciendo no es solo “hasta aquí” a ciertos nombres. Está diciendo algo más profundo: que el cargo no pertenece al político, sino a la confianza pública. Y cuando esa confianza se agota, ninguna sigla nueva alcanza para disfrazar el mismo desgaste. (foto: lacajanegra.blog).

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