El resultado preliminar de esta jornada electoral deja una señal que debería preocupar más de lo que tranquiliza: solo seis partidos integrarían las cámaras de senadores y diputados. Según el boca de urna de Datum, esas seis fuerzas serían Fuerza Popular, Juntos por el Perú, Renovación Popular, Partido del Buen Gobierno, Obras y Ahora Nación. La bicameralidad regresó envuelta en promesas de calidad, equilibrio y deliberación. Pero el primer retrato del nuevo Congreso no huele a reforma; huele a concentración. Y en el Perú, cuando el poder se concentra sin haber cambiado las prácticas, lo que suele mejorar no es la política, sino la eficiencia del reparto. En la proyección de Datum, Fuerza Popular aparece como primera minoría en ambas cámaras; en Diputados le seguirían Juntos por el Perú y Renovación Popular, mientras que en el Senado también entrarían Buen Gobierno, Obras y Ahora Nación.
Seis partidos. La cifra podría interpretarse como orden frente al caos. Pero en la política peruana el orden no siempre ha sido sinónimo de institucionalidad; con demasiada frecuencia ha sido la manera más prolija de administrar intereses, blindar agendas y negociar cuotas sin ruido excesivo. El problema nunca fue solo la fragmentación. El problema ha sido qué se hace con el poder una vez que se lo tiene. Y en eso, la historia reciente no ofrece precisamente motivos para el optimismo.
Porque no estamos ante seis fuerzas nuevas que irrumpen para renovar el sistema. Estamos ante agrupaciones que ya han demostrado, en mayor o menor medida, su capacidad para convertir el Congreso en un campo de cálculo permanente. Bancadas que han priorizado la confrontación sobre el consenso cuando les conviene, que han usado herramientas de control político con fines estratégicos antes que institucionales, y que han contribuido a erosionar una confianza ciudadana que hoy está en niveles críticos. Reducir el número de actores no corrige ese problema. Puede, incluso, hacerlo más manejable para quienes ya dominan el juego. El flash electoral de Datum proyecta en Diputados una composición de 41 escaños para Fuerza Popular, 22 para Juntos por el Perú, 20 para Renovación Popular, 19 para Buen Gobierno, 18 para Obras y 10 para Ahora Nación.
La bicameralidad prometía elevar el nivel del debate. Pero dos cámaras no garantizan mejor política si las mismas lógicas se repiten en ambos espacios. Al contrario: pueden duplicar la capacidad de bloqueo, sofisticar las negociaciones opacas y legitimar decisiones tomadas lejos del interés público. Lo que se presenta como equilibrio puede terminar siendo una coreografía bien ensayada entre fuerzas que, pese a sus diferencias, entienden perfectamente cómo repartirse la influencia sin perder control. En el Senado, Datum proyecta 22 escaños para Fuerza Popular, 11 para Juntos por el Perú, 8 para Renovación Popular, 8 para Buen Gobierno, 6 para Obras y 5 para Ahora Nación.
Y mientras tanto, el ciudadano observa. Observa cómo su voto, que debería traducirse en representación efectiva, termina muchas veces absorbido por dinámicas internas que poco tienen que ver con sus demandas. Observa cómo la política se reorganiza, pero no necesariamente se corrige. Observa, en suma, cómo el sistema se ajusta para sobrevivir, no para cambiar.
Que solo seis partidos integren el nuevo Congreso no es, por sí mismo, una buena noticia. Puede ser la señal de una democracia que reduce su dispersión, sí, pero también de una política que concentra poder sin resolver sus vicios estructurales. Más aún cuando las proyecciones de Datum muestran que las principales cuotas de poder quedarían en manos de partidos ya conocidos, no de una renovación real del sistema.
Reflexión final
El Perú no necesitaba un Congreso más ordenado para repetir lo mismo. Necesitaba uno distinto. Si la bicameralidad arranca como un mecanismo para reorganizar el poder entre Fuerza Popular, Juntos por el Perú, Renovación Popular, Buen Gobierno, Obras y Ahora Nación, sin alterar las prácticas que lo han deteriorado, entonces la reforma no habrá sido un avance. Habrá sido, simplemente, una forma más sofisticada de administrar el mismo problema.(Foto: La Noticia).
