¿Por qué el conteo oficial de la ONPE avanza a paso lento?

En el Perú, el ciudadano vota un día y la incertidumbre empieza a gobernar al siguiente. Esa es la sensación que deja el avance a paso lento del conteo oficial de la ONPE. Se nos dice que es un proceso complejo, que hay actas observadas, votos impugnados, pedidos de nulidad y documentos que llegan desde lejos. Todo eso puede ser cierto. Lo que ya no resulta aceptable es que, elección tras elección, la democracia peruana siga funcionando con la lentitud de una oficina desbordada y con la fragilidad de un sistema que parece sorprenderse de sus propios problemas.

La ONPE explica la demora por la existencia de cinco elecciones simultáneas, por el traslado de actas desde regiones alejadas y el extranjero, y por la revisión obligatoria de miles de actas observadas. En teoría, suena a procedimiento. En la práctica, suena a un Estado que siempre tiene una justificación lista para explicar por qué no llegó a tiempo a la tarea más importante que tenía entre manos. Porque no se trata solo de contar votos: se trata de contar confianza. Y esa confianza también se deteriora cuando el conteo se vuelve una carrera de resistencia para la ciudadanía.

Más de cinco mil actas observadas no son un detalle menor ni un tropiezo anecdótico. Son la evidencia de un proceso cargado de fisuras. Si además se recuerda que hubo problemas en la instalación de mesas y que parte de la votación incluso se extendió al lunes, el asunto deja de ser técnico para convertirse en político. Una democracia seria no improvisa sobre la marcha mientras el país espera. Una democracia seria no administra la voluntad popular como si fuera un expediente atrasado que algún día terminará de revisarse.

Lo más grave es que esta lentitud no ocurre en cualquier contexto, sino en una elección ajustada, donde miles de votos pueden definir quién pasa a la segunda vuelta. Allí cada acta pendiente se vuelve un territorio de sospecha, cada demora alimenta especulaciones y cada explicación burocrática suena menos a transparencia y más a defensa corporativa. Y mientras eso ocurre, los actores más irresponsables del escenario político aprovechan el vacío para sembrar dudas, incendiar el ambiente y erosionar aún más una legitimidad que ya venía golpeada.

La pregunta “¿por qué el conteo oficial de la ONPE avanza a paso lento?” no debería responderse solo con tecnicismos. También debería responderse con autocrítica, responsabilidad y una revisión seria de las fallas que siguen convirtiendo cada elección en un proceso más pesado de lo que debería ser.

Reflexión final
Lo alarmante no es únicamente que el conteo demore. Lo verdaderamente preocupante es que el Perú se esté acostumbrando a que la democracia funcione así: con retrasos, observaciones, correcciones y explicaciones tardías. Ese acostumbramiento es peligroso. Porque la democracia no solo se debilita por la corrupción o el autoritarismo; también se desgasta cuando la ineficiencia se normaliza y la claridad llega siempre después del desconcierto. Un voto mal contado a tiempo no solo retrasa un resultado: debilita la fe pública en el sistema que debía protegerlo. (Foto: lacajanegra.blog).

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