Piden la renuncia de Burneo tras la salida de Corvetto

La renuncia de Piero Corvetto a la ONPE no cerró la crisis electoral; apenas confirmó su tamaño. Ahora, el foco se ha desplazado hacia Roberto Burneo, presidente del Jurado Nacional de Elecciones, cuya salida ya es exigida públicamente tras el colapso de confianza que dejaron las fallas del 12 de abril. El constitucionalista Alejandro Rospigliosi ha sostenido que Burneo también debe dar un paso al costado, al considerarlo “corresponsable” de lo ocurrido. Y la pregunta, por incómoda que resulte, ya está instalada: si Corvetto cayó por una cadena de irregularidades que golpeó al sistema, ¿por qué Burneo debería seguir como si nada hubiera pasado?.

En el Perú, las crisis públicas suelen resolverse con una liturgia bastante conocida: cae una pieza visible, se emite un comunicado solemne y se espera que la indignación ciudadana se desgaste sola. Pero la democracia no se recompone con relevos decorativos. Corvetto renunció en medio de los cuestionamientos por las fallas logísticas de las Elecciones Generales 2026, y la JNJ aceptó su salida con efecto inmediato mientras mantiene abiertas las investigaciones preliminares sobre lo sucedido. Eso significa que la tormenta no terminó; apenas cambió de escenario.

Por eso el pedido de renuncia contra Burneo no se entiende solo como una reacción emocional o una presión política más. Se produce en un contexto donde el sistema electoral entero terminó discutiéndose a sí mismo en público, con nulidades, irregularidades, actas observadas y una ciudadanía que ya no sabe si debe esperar resultados, explicaciones o nuevos sobresaltos. Cuando la cabeza de la ONPE se va y el presidente del JNE queda bajo cuestionamiento, lo que se resquebraja no es un cargo aislado: es la idea misma de que el árbitro electoral conserva autoridad suficiente para conducir con serenidad la segunda vuelta.

Claro, pedir la salida de Burneo no puede convertirse en una costumbre automática ni en un atajo para reemplazar pruebas por ruido. Pero tampoco se puede fingir que la permanencia del titular del JNE está blindada por simple formalidad institucional. Si la crisis no terminó con Corvetto, entonces el debate sobre Burneo deja de ser un capricho mediático y se vuelve una discusión legítima sobre responsabilidad política, confianza pública y estabilidad del proceso.

La salida de Corvetto fue un golpe fuerte, pero no suficiente para recomponer la credibilidad del sistema electoral. Ahora la presión alcanza a Burneo porque la crisis ha dejado de ser solo operativa: ya es una crisis de autoridad. Y cuando la autoridad electoral deja de transmitir certeza, la democracia empieza a caminar con la legitimidad herida.

Reflexión final
Lo más grave no es únicamente que hoy se pida la renuncia de Roberto Burneo tras la salida de Corvetto. Lo más grave es que el Perú haya llegado a un punto en que sus elecciones parecen administrarse entre relevo de funcionarios, investigaciones abiertas y confianza en retirada. Una república seria no puede depender de sacrificios individuales para intentar salvar estructuras debilitadas. Si Burneo se queda, tendrá que demostrar que puede sostener la institucionalidad con hechos, no con cargo. Y si no puede hacerlo, entonces su continuidad no será estabilidad: será terquedad institucional en medio de una democracia que ya no resiste más improvisaciones. (Foto: Perú 21).

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