En el Perú, conseguir una cita médica en EsSalud se ha convertido en un deporte extremo. No es exageración: hay pacientes que deben llamar decenas de veces, otros que madrugan desde las cuatro de la mañana, y aun así se van a casa con las manos vacías. Según un informe técnico de EsSalud al que accedió RPP Data, el tiempo de espera para consultas en varias especialidades ha aumentado de manera alarmante en el último año. Lo que debería ser un derecho básico se ha transformado en una carrera de resistencia contra la burocracia, el abandono y la indiferencia estatal.
El reporte de EsSalud lo admite sin rodeos: las demoras se deben a la alta demanda, a la falta de especialistas, a la infraestructura insuficiente y a procesos internos ineficientes. Dicho en cristiano: el sistema está colapsado. Ejemplos sobran. En Cusco, un paciente relató que su cita para endocrinología le fue programada ¡para dos meses después!, cuando probablemente su diagnóstico ya no necesitará consulta, sino emergencia. En Huancayo, un ciudadano llegó de madrugada a recoger un resultado y tampoco fue atendido porque la fila ya estaba copada.
Los números son más crueles que cualquier testimonio. En La Libertad, una cita en medicina general puede demorar hasta 155 días, es decir, cinco meses. En Huánuco, esperar para nutrición significa aguardar 154 días. En Lambayeque, cuatro meses para medicina general. Y en Lima, una paciente denuncia que lleva un mes intentando conseguir interconsulta en endocrinología sin éxito: ni llamadas, ni aplicación, ni madrugones le sirven para romper la muralla del diferimiento.
¿Dónde está el gobierno en todo esto? En otra dimensión. Mientras los pacientes acumulan citas a futuro que nunca llegan, la presidenta Dina Boluarte prefiere invertir en aviones de guerra por miles de millones de dólares, autos de lujo para generales, viajes al exterior con comitivas numerosas y rescates financieros a Petroperú, un cadáver empresarial. En paralelo, el ministro de Salud, César Vásquez, luce como una estatua decorativa, incapaz de dar respuesta a la crisis, ocupado en justificar copamientos de cargos con allegados a Alianza para el Progreso.
El Congreso, por su parte, actúa como si el problema no existiera. Blindajes, repartijas y cálculos electorales pesan más que enfrentar un sistema de salud en agonía. Nadie discute reformas, nadie impulsa soluciones estructurales. Y, como siempre, la población queda en medio de un Estado que vive en piloto automático, rumbo a estrellarse con la realidad.
El colapso de EsSalud no es una novedad, pero la magnitud actual es insostenible. Miles de peruanos no pueden acceder a una cita médica básica, mucho menos a especialidades críticas como cardiología, oncología o endocrinología. La demora no solo impacta en la salud física, también deteriora la confianza en las instituciones. ¿Cómo creer en un Estado que no puede garantizar lo elemental?
Reflexión final
La huelga de médicos, la protesta de enfermeras y el hartazgo de los pacientes son síntomas de un sistema que se desangra sin respuesta política. El informe técnico de EsSalud no hace más que oficializar lo que la ciudadanía ya vive en carne propia: que la salud pública es un paciente en UCI, sin oxígeno y con el reloj en contra. Dina Boluarte podrá comprar más aviones y repartir contratos a discreción, pero cada día de espera para una cita médica es un recordatorio de su desgobierno. La verdadera emergencia nacional no está en los hangares militares, sino en los pasillos hacinados de los hospitales.
Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra
