Indecopi y Digesa ordenan retirar fórmula infantil Alula Gold

Cuando la advertencia llega después del riesgo, deja de ser prevención y se convierte en trámite. Indecopi y Digesa ordenaron el retiro del mercado de las fórmulas infantiles Alula Gold y recomendaron no consumirlas por un posible peligro para la salud. La noticia, que debería tranquilizar, genera lo contrario: inquietud. Porque cuando se trata de bebés, llegar tarde no es una opción aceptable.

La alerta es clara: se advierte la posible presencia de cereulida, una toxina asociada a trastornos digestivos, en presentaciones como Alula Gold Premium 0 a 12 meses, Alula Gold 1 Premium, Alula Gold 2 Premium y Alula Gold Comfort Premium. Digesa señala que el origen podría estar en un componente del Omega 6 ARA. Hasta aquí, la técnica. El problema es el tiempo: ¿cuánto circuló el producto antes del retiro? ¿Cuántas compras se hicieron confiando en que la fiscalización estaba activa?

En el Perú, la vigilancia sanitaria suele operar como sirena de ambulancia: suena cuando el golpe ya ocurrió. Las autoridades piden ahora revisar envases, no consumir y reportar incidentes. Correcto. Pero esa respuesta traslada la carga al hogar, justo donde no debería estar. Los padres no son laboratorios; la seguridad no puede depender de que el consumidor detecte lo que el sistema no anticipó.

Este episodio vuelve a exhibir una debilidad estructural: la prevención es episódica y reactiva. Se retira “de inmediato” cuando el riesgo ya estuvo en góndolas y despensas. Se habilitan correos y formularios cuando la confianza ya fue erosionada. Y el mercado aprende una lección peligrosa: fallar no es grave si se corrige después.

Aquí no se discute la necesidad del retiro —es imprescindible—, sino la oportunidad. En productos destinados a lactantes, el estándar debe ser más alto: controles previos robustos, trazabilidad transparente y comunicación temprana. No comunicados posteriores que piden calma cuando la calma ya se perdió.

La alerta sobre Alula Gold es necesaria, pero insuficiente como política. Retirar no repara el daño de la demora ni responde la pregunta clave: ¿por qué la señal llegó tarde?.

Reflexión final
Un Estado que protege de verdad actúa antes de que el riesgo toque la mamadera. Indecopi y Digesa deben algo más que comunicados: deben anticipación. La salud infantil no admite ensayos ni tiempos muertos. Si la prevención no se vuelve norma, las alertas seguirán siendo titulares… y la confianza, una víctima más. (Foto: Perú 21).

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