Ipsos 2026: López Aliaga y Keiko arriba, Wolfgang Grozo en ascenso

El primer simulacro nacional de votación de Ipsos no es una encuesta más: es el espejo incómodo de un país que decide tarde, confía poco y vota, muchas veces, por descarte. Con cédula extensa y 36 candidaturas, el ejercicio —realizado con réplica de cédula y ánfora para resguardar el anonimato— confirma que Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori se mantienen arriba, pero también revela una verdad más pesada: el Perú no está eligiendo un rumbo claro, está navegando una fragmentación que se presta al ruido y al oportunismo.

En votos válidos, López Aliaga marca 17.2% y Fujimori 14.2%. En una democracia sólida, estos números serían la base de un debate serio sobre propuestas. En el Perú, son apenas la señal de que el “liderazgo” se sostiene sin mayorías y con un electorado que sigue desconfiando del sistema.

La pelea por el tercer espacio también delata la precariedad programática: Carlos Álvarez aparece con 8.9% de votos válidos; César Acuña, con 8.1%. Más que proyectos de país, lo que destaca es el peso de la recordación y el símbolo partidario en una cédula donde el elector ve foto y logo antes que propuestas.

Y aquí entra la novedad: Wolfgang Grozo asoma y sale del rubro “otros”. En el simulacro figura con 5.1% de votos válidos y, según el propio análisis, tiene un pico entre jóvenes de 18 a 25 años (11%). Pero su problema —y el de muchos “nuevos” en esta carrera— es que la notoriedad no siempre se traduce en voto efectivo cuando el símbolo aún no está instalado en la memoria del elector.

El simulacro también sugiere que, a medida que se acerca la fecha, la gente “ordena” su decisión: la opción de blancos/viciados/ninguno habría bajado de 28% en febrero a 20% en marzo. Suena alentador, pero también revela lo peligroso: el país define tarde porque la oferta política no inspira confianza temprano.

El simulacro no consagra ganadores; expone vulnerabilidades. Con porcentajes bajos en la cima y un tablero saturado de candidaturas, la elección se presta a campañas de impacto rápido, slogans duros y promesas sin sustento. Y así, el voto informado corre el riesgo de ser reemplazado por el voto impulsivo.

Reflexión final
Si el Perú quiere evitar otra temporada de decepción, el elector tiene que exigir lo básico: planes con presupuesto, medidas verificables y equipos competentes. Porque una elección donde el “liderazgo” no llega a dos dígitos fuertes y el mapa se reconfigura por símbolos no está escogiendo futuro: está apostando. Y en este país, las apuestas políticas casi siempre las paga la gente.(Foto: Andina – RPP).

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