Indeci alerta: Más de 500 distritos del país bajo riesgo por lluvias

Más de 500 distritos bajo riesgo por lluvias no es una estadística técnica: es una advertencia nacional. El Instituto Nacional de Defensa Civil ha señalado que 508 distritos de la sierra centro y sur enfrentan peligro de huaicos, deslizamientos y derrumbes ante precipitaciones previstas en los últimos días. La alerta no es nueva en el calendario peruano. Lo que sí debería ser distinto es la reacción. Porque cuando el riesgo se repite y el daño también, el problema deja de ser natural y empieza a ser estructural.

El mapa del peligro es amplio y conocido. Regiones como Huancavelica, Apurímac, Ayacucho, Cusco y Puno concentran niveles de riesgo muy alto, mientras otras decenas de jurisdicciones permanecen en alerta constante. Las condiciones climáticas —lluvias, granizo, nieve, ráfagas de viento— no son excepcionales en estas zonas. Son previsibles. Y justamente ahí radica la contradicción: si el fenómeno se anticipa, ¿por qué el país sigue reaccionando como si lo sorprendiera?.

Cada temporada repite el mismo libreto. Se emiten avisos, se activan centros de operaciones, se recomienda preparar mochilas de emergencia y evitar zonas de riesgo. Todo eso es necesario, pero insuficiente. La prevención no puede limitarse a consejos de último momento. No puede depender de que el ciudadano refuerce su techo mientras el Estado observa desde la distancia. La gestión del riesgo exige planificación sostenida, infraestructura adecuada, ordenamiento territorial y presencia efectiva en las zonas más vulnerables.

El problema no es la lluvia. Es la precariedad sobre la que cae. Es la vivienda construida en quebradas, la carretera sin mantenimiento, el sistema de drenaje inexistente y la ausencia de una política que convierta la prevención en prioridad real. Cuando un huaico arrasa, no lo hace solo por la intensidad del agua, sino por la debilidad del entorno que lo rodea.

Además, hay una verdad incómoda que el país suele evitar: el Perú ha normalizado la emergencia. Se ha acostumbrado a ver imágenes de barro, carreteras bloqueadas y comunidades aisladas como si fueran parte inevitable del paisaje. Y en esa costumbre se pierde lo esencial: cada evento de este tipo es, en gran medida, evitable o al menos mitigable si se actúa a tiempo.

La alerta de Indeci no debería ser un dato más en la agenda informativa. Debería ser un punto de quiebre. Un recordatorio de que el país no puede seguir administrando desastres en lugar de prevenirlos. Porque cuando el riesgo alcanza a cientos de distritos, la respuesta no puede ser fragmentada ni reactiva.

Reflexión final
El Perú no necesita más alertas; necesita menos vulnerabilidad. Mientras la prevención siga siendo secundaria y la reacción la regla, cada lluvia traerá consigo el mismo desenlace anunciado. Y cuando el daño se repite año tras año, lo que está fallando no es el clima: es la voluntad de anticiparse a él. (Foto: El Popular).

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