La FIFA encarece la pasión: Mundial 2026 fuera del alcance común

Durante décadas, el Mundial fue vendido como la gran fiesta popular del fútbol, un escenario donde la pasión podía, al menos en teoría, sentarse en la misma tribuna que la historia. Pero esa idea hoy se resquebraja. La nueva fase de venta de boletos para el Mundial 2026, abierta a 50 días del inicio del torneo, ha vuelto a exponer una realidad incómoda: asistir a una Copa del Mundo ya no depende solo del entusiasmo, sino de una capacidad económica cada vez más excepcional. La propia FIFA reabrió la venta con precios variables según la demanda, mientras medios internacionales y aficionados han cuestionado que el costo se haya vuelto prohibitivo para muchos.

El dato más revelador no es solo que la final en el MetLife Stadium haya disparado sus precios, sino la velocidad con la que el Mundial ha dejado de ser accesible. Associated Press reportó que la entrada más cara para la final subió hasta 10.990 dólares en abril, después de haber estado en 8.680 dólares en la fase anterior; además, las entradas de categorías más bajas para ese partido también aumentaron de forma fuerte. Ese salto confirma que la FIFA ya no se limita a vender boletos: administra escasez, expectativa y ansiedad como parte de una lógica comercial cada vez más agresiva.

La organización intenta amortiguar las críticas con una categoría de ingreso de 60 dólares para algunos partidos de fase de grupos, pero Reuters informó que esos boletos representan solo 10% del cupo asignado para aficionados de selecciones participantes. En otras palabras, la llamada accesibilidad existe más como argumento de defensa que como política real de inclusión. El Mundial más grande de la historia, con 104 partidos y tres países sede, también corre el riesgo de convertirse en el más selectivo.

A ello se suma el costo de todo lo demás. En Nueva Jersey, el viaje ida y vuelta en tren al MetLife para días de partido costará 150 dólares, frente a una tarifa habitual de alrededor de 13 a 15 dólares; el estacionamiento disponible para algunos asistentes subirá hasta 225 dólares. FIFA criticó ese aumento y advirtió sobre su efecto disuasorio, mientras las autoridades locales replicaron que el organismo no ha financiado el transporte pese a proyectar ingresos cercanos a 11.000 millones de dólares por el torneo. Es decir, mientras arriba se discute quién asume el costo, abajo el hincha ya recibió la cuenta.

El problema ya no es solamente el precio de una entrada. El problema es el modelo. Un Mundial que encarece boletos, transporte y experiencia general deja de ser una celebración global para convertirse en un espectáculo filtrado por poder adquisitivo.

Reflexión final
La FIFA insiste en hablar en nombre del fútbol universal, pero sus decisiones empujan el torneo hacia una lógica cada vez más excluyente. Y cuando la pasión popular solo puede entrar si paga cifras desorbitadas, el Mundial deja de pertenecer al mundo y empieza a pertenecer, sobre todo, a quienes pueden comprarlo. (Foto: Vietnam.vn).

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