¿Exabrupto o torpeza? Balcázar generó turbulencia el caso F-16

La pregunta ya no es si José María Balcázar abrió una crisis con los F-16. La abrió. La verdadera discusión es otra: ¿fue un exabrupto o una torpeza? Y, a estas alturas, quizá ambas cosas. Porque suspender públicamente la firma de un contrato estratégico el mismo día en que debía concretarse, para luego quedar atrapado entre decretos firmados, renuncias ministeriales y desmentidos oficiales, no describe una presidencia prudente. Describe una conducción que tropieza con sus propias decisiones y obliga al país a seguirle el paso en medio del desconcierto.

Si se observa la secuencia completa, el episodio resulta difícil de sostener. Balcázar anunció la paralización de la firma de los F-16 pese a que el proceso ya venía avanzado como una decisión de Estado. Más aún, él mismo había firmado un decreto supremo que autorizaba la compra y había respaldado públicamente la adquisición de los F-16 Block 70 como parte de una política de defensa ya definida. No apareció, entonces, un jefe de Estado revisando con cautela un expediente pendiente. Apareció un presidente contradiciendo una ruta que él mismo había trazado.

Y ahí comienza lo más corrosivo del episodio. Porque un error técnico puede corregirse. Una descoordinación puede explicarse. Pero cuando el canciller Hugo de Zela renuncia denunciando un “repentino cambio de decisión política” en un tema estratégico, y cuando el ministro de Defensa sigue el mismo camino, lo que queda en evidencia no es una falla administrativa, sino una crisis de mando. Un gobierno puede rectificar decisiones; lo que no puede hacer es erosionar su credibilidad en el intento.

La situación rozó lo absurdo cuando, tras el ruido generado desde Palacio, se confirmó que el contrato seguía su curso y que incluso se habían realizado avances en su ejecución. Es decir, mientras el discurso oficial sembraba incertidumbre, los hechos avanzaban por otro carril. El país asistió así a una escena desconcertante: una Presidencia que anuncia, desdice y queda desmentida por su propia gestión. No es firmeza. Es desorden en la toma de decisiones.

Por eso el dilema entre exabrupto o torpeza no absuelve a Balcázar. Lo compromete más. Si fue un exabrupto, gobernó por impulso en un tema de seguridad nacional. Si fue torpeza, quedó desbordado por un proceso que ya estaba encaminado. En ambos escenarios, el resultado es el mismo: una crisis innecesaria, con impacto político, institucional y diplomático.

Reflexión final
Lo verdaderamente inquietante no es solo el episodio de los F-16. Es confirmar que el Perú tiene una presidencia capaz de convertir una decisión estratégica en un episodio de confusión pública. Una república no se debilita únicamente por grandes escándalos, sino también por estas señales persistentes de desorden en la conducción. Porque cuando el poder duda de sí mismo, el país entero entra en turbulencia. Y en política de Estado, volar sin rumbo no es una metáfora: es un riesgo. (Foto: Infobae – Andina).

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