La segunda vuelta presidencial no solo se disputará en plazas, entrevistas, debates y redes sociales. También tendrá un escenario clave: la franja electoral. Este mecanismo permitirá que los dos partidos finalistas difundan sus propuestas en radio, televisión y plataformas digitales, con financiamiento público indirecto y bajo supervisión de la ONPE. En un país golpeado por la desconfianza, la polarización y la desinformación, esta herramienta debería servir para informar mejor al ciudadano, no para repetir propaganda hueca.
La franja electoral se activará 15 días calendario antes de la jornada de votación y culminará dos días antes del sufragio. Su finalidad es garantizar condiciones mínimas de equidad entre los candidatos, evitando que la campaña dependa únicamente del dinero privado, de los grandes aportantes o de la capacidad económica de cada organización política. En teoría, se trata de un mecanismo saludable: el Estado financia espacios para que los finalistas expliquen sus planes y el elector pueda comparar propuestas.
El procedimiento empieza con el cálculo de la adjudicación económica para cada partido. Luego, la ONPE habilita la plataforma Claridad, donde se registra y transparenta el uso de estos recursos. Solo los medios autorizados pueden participar y recibir pagos por emitir propaganda electoral. Antes de desembolsar el dinero, la ONPE debe verificar que los mensajes hayan sido difundidos correctamente y dentro de los plazos establecidos.
Pero la pregunta de fondo es otra: ¿la franja servirá para informar o para maquillar campañas? Porque el país no necesita más spots con sonrisas calculadas, frases patrióticas y promesas imposibles. Necesita claridad sobre seguridad ciudadana, empleo, economía, salud, educación, corrupción e institucionalidad. La segunda vuelta no puede reducirse a quién asusta más al elector o quién administra mejor el miedo.
La ONPE, además, tendrá una responsabilidad delicada. Después de las críticas recibidas durante la primera vuelta, deberá demostrar que puede administrar este proceso con transparencia, fiscalización y absoluta neutralidad. Cada sol público destinado a la franja debe ser trazable. Cada mensaje debe respetar las reglas. Cada medio participante debe cumplir con lo establecido.
La franja electoral será una prueba para los candidatos y también para la autoridad electoral. Los primeros deberán demostrar si tienen ideas serias; la segunda, si puede recuperar confianza mediante una gestión limpia y verificable.
Reflexión final
El dinero del Estado no debe financiar propaganda hueca ni ataques disfrazados de mensaje electoral. La segunda vuelta necesita información clara, no espectáculo. Porque una franja electoral sin contenido no fortalece la democracia: solo amplifica el ruido. (Foto: RPP).
