La interceptación de más de dos toneladas de cocaína en el Pacífico sur mexicano confirma que el mar sigue siendo una de las principales rutas del narcotráfico internacional. El operativo, realizado a unos 190 kilómetros de la Décima Región Naval de Salina Cruz, Oaxaca, fue encabezado por la Marina mexicana y permitió asegurar 78 bultos con 2.155 paquetes de polvo blanco, con un peso ministerial de 2,154 toneladas. No hubo detenidos.
El decomiso no es un hecho aislado. Desde octubre de 2024, cuando inició el gobierno de Claudia Sheinbaum, la Marina ha incautado más de 65 toneladas de cocaína en operaciones marítimas, según cifras oficiales. Esto revela dos realidades simultáneas: por un lado, una mayor capacidad de vigilancia en alta mar; por otro, la persistencia de redes criminales que siguen utilizando el Pacífico como corredor estratégico hacia mercados de consumo, incluido Estados Unidos.
La droga fue localizada flotando en bolsas negras, una modalidad que evidencia la capacidad de adaptación de las organizaciones criminales. Cuando una ruta terrestre se vuelve más riesgosa, se intensifica el uso de rutas marítimas; cuando una modalidad es detectada, surgen otras. Por eso, los decomisos son importantes, pero no suficientes si no van acompañados de inteligencia financiera, cooperación internacional y persecución de las estructuras que coordinan la producción, traslado y distribución.
El propio Gabinete de Seguridad estimó que el golpe económico fue de 4,3 millones de pesos. La cifra puede parecer alta, pero debe interpretarse con prudencia: el valor real del narcotráfico no está solo en cada cargamento interceptado, sino en la red que permite que muchos otros lleguen a destino. En este caso, la ausencia de detenidos deja una pregunta relevante: ¿se golpeó solo la mercancía o también se avanzará hacia los responsables?.
México ha dado un nuevo golpe operativo al narcotráfico en el Pacífico, pero el desafío de fondo sigue siendo estructural. Incautar droga evita que llegue a las calles, pero desarticular redes exige continuidad, investigación y coordinación regional.
Reflexión final
La lucha contra el narcotráfico no puede medirse únicamente en toneladas decomisadas. También debe evaluarse por la capacidad del Estado para reducir impunidad, proteger comunidades y cerrar las rutas económicas que sostienen al crimen organizado. Ahí estará la verdadera prueba. (Foto: diariosinfronteras.com).
