Así llega la economía peruana a los comicios para la segunda vuelta: con estabilidad en los reportes, pero con malestar en la calle. El país mantiene una aparente fortaleza macroeconómica después de años de crisis política, ocho presidentes en menos de una década y una institucionalidad golpeada. Sin embargo, esa resistencia no alcanza para llenar la olla, pagar el pasaje ni aliviar el costo de vida. El Perú llega al 7 de junio con una economía que aguanta en los cuadros técnicos, pero aprieta cada vez más a los hogares.
El Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco Central de Reserva proyectan un crecimiento del PBI de 3,2% para este año. La cifra puede sonar razonable en un informe oficial, pero es insuficiente para un país que necesita crecer más, generar empleo digno y cerrar brechas sociales. Como han advertido especialistas, el Perú debería avanzar cerca del 5% para que el crecimiento deje de ser una estadística elegante y empiece a convertirse en bienestar real.
El problema es que la economía peruana se ha vuelto una vitrina de doble fondo. Por fuera, estabilidad; por dentro, precariedad. La inflación golpea nuevamente los precios de combustibles, transporte y alimentos. Y cuando sube el diésel, la gasolina o el balón de gas, no sufre una hoja de cálculo: sufre la familia que ajusta el menú, el trabajador que toma dos combis y el comerciante modesto que ya no sabe cómo sostener sus costos.
A esto se suma una realidad laboral que ningún candidato debería maquillar: siete de cada diez trabajadores están en la informalidad. Más de 7 millones de peruanos no logran cubrir la canasta básica con su salario. Esa no es una variable económica trivial; es una denuncia social. Trabajar y seguir siendo pobre es una de las formas más crueles de fracaso del modelo político.
Mientras tanto, el Congreso ha aprobado iniciativas de gasto por miles de millones sin fuente clara de financiamiento, la inseguridad le cuesta al país enormes recursos y las economías ilegales siguen avanzando donde el Estado retrocede. Así llega el Perú a votar: con crecimiento moderado, precios sensibles, empleo frágil y una ciudadanía que ya no cree fácilmente en promesas de campaña.
Keiko Fujimori y Roberto Sánchez no pueden limitarse a repetir frases sobre inversión, justicia social o estabilidad. Deben explicar cómo protegerán el bolsillo familiar, reducirán la informalidad, enfrentarán la inseguridad económica y convertirán el crecimiento en bienestar.
Reflexión final
La segunda vuelta no solo definirá al próximo presidente. También revelará si el país seguirá celebrando cifras mientras millones sobreviven con angustia. Porque una economía que resiste arriba, pero abandona abajo, no es fortaleza: es una advertencia. (Foto: lacajanegra.blog).
