La presencia de Piero Hincapié y Willian Pacho en una final de Champions no es una casualidad ni una postal afortunada del fútbol ecuatoriano. Es la consecuencia de un proceso sostenido. Ecuador entendió hace años que el fútbol moderno no se construye con discursos, nostalgia ni apuestas desesperadas de último minuto, sino con planificación, menores, infraestructura, exportación temprana y profesionales en áreas clave. Mientras tanto, Perú sigue mirando al cielo, esperando que el milagro haga el trabajo que los dirigentes no hicieron.
La evolución del fútbol ecuatoriano debería producir envidia sana, pero también vergüenza institucional en el Perú. Ecuador clasifica al Mundial 2026, compite con clubes protagonistas en Copa Libertadores y Sudamericana, mejora en categorías Sub-15, Sub-17 y Sub-20, y exporta futbolistas jóvenes a ligas prestigiosas. No vende ilusiones: vende jugadores. No improvisa: desarrolla. No vive de recuerdos: construye presente y futuro.
En Perú ocurre casi todo al revés. No hay planificación del fútbol peruano. Los clubes suelen hacer campañas paupérrimas en torneos internacionales, las divisiones menores terminan en los últimos lugares y la selección absoluta vive atrapada entre recambios tardíos, convocatorias de emergencia y futbolistas que compiten en ligas de menor exigencia en el mundo. Luego, cuando llegan las eliminatorias, aparecen las excusas de siempre: mala suerte, lesiones, arbitraje, calendario o falta de fortuna. La verdad es más sencilla y más dura: sin formación seria, no hay selección competitiva.
Repatriar futbolistas con raíces peruanas puede ayudar, pero solo como complemento. Convertir esa estrategia en columna vertebral del proyecto es admitir que el país no produce suficiente calidad. Buscar apellidos peruanos en Europa, Japón o Estados Unidos puede ampliar opciones, pero no reemplaza el trabajo con niños, academias, colegios, regiones y clubes. Repatriar no es formar. Convocar por ascendencia no es construir futuro.
El problema es estructural. El fútbol peruano todavía cree que formar menores es poner a un exfutbolista desempleado frente a un grupo de niños. Grave error. Formar exige metodología, pedagogía, nutrición, psicología deportiva, análisis de datos, tecnología, seguimiento físico, infraestructura y entrenadores profesionales. Un niño no necesita únicamente a alguien que haya jugado; necesita a alguien que sepa enseñar, corregir, acompañar y proyectar.
Mientras Ecuador planifica, Perú reacciona. Mientras Ecuador exporta, Perú recicla. Mientras Ecuador invierte en bases, Perú administra parches. Por eso Hincapié y Pacho llegan a la élite europea mientras el fútbol peruano celebra como hazaña que un jugador consiga continuidad en una liga secundaria. La brecha ya no es pequeña: es de décadas.
Perú necesita con urgencia un Plan Nacional de Desarrollo del Fútbol al 2050. Un proyecto serio que articule FPF, clubes, colegios, universidades, regiones, academias, empresas privadas y gobiernos locales. Se requieren centros de alto rendimiento, torneos juveniles competitivos, scouting nacional, entrenadores certificados, tecnología y metas medibles.
Reflexión final.
Hincapié y Pacho en una final de Champions no solo hablan del éxito ecuatoriano; también denuncian el atraso peruano. La diferencia no está en la suerte, sino en el trabajo. Y mientras Perú no lo entienda, seguiremos celebrando excepciones, llorando eliminatorias y confundiendo esperanza con proyecto. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
