La FIFA presume ingresos históricos para el Mundial 2026, pero la celebración contable tiene una pregunta incómoda: ¿quién gana realmente con el torneo? El organismo proyecta cifras gigantescas, entradas más caras, más partidos, más patrocinadores y más derechos televisivos. Sin embargo, mientras la caja de la FIFA crece, las ciudades sede, las selecciones y los aficionados enfrentan costos cada vez más altos.
El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá será el primero con 48 equipos y 104 partidos. Ese formato multiplica audiencias, ventanas comerciales y oportunidades de venta. La FIFA estima ingresos récord de USD 13,000 millones para el ciclo 2023-2026, con USD 8,900 millones solo en 2026. La cifra impresiona, pero también revela el verdadero centro del torneo: el negocio.
La venta de entradas es el símbolo más evidente. Con precios dinámicos y tarifas que han indignado a organizaciones de aficionados, la FIFA espera recaudar cerca de USD 3,000 millones, más del triple que en Qatar 2022. Es decir, el hincha no solo será espectador: será una fuente de extracción comercial. La pasión, convenientemente empaquetada, ahora se mide en dólares.
Los derechos televisivos también subirían hasta casi USD 4,000 millones, y los patrocinios crecerían de manera significativa. Pero la pregunta ética permanece: ¿cuánto de ese dinero vuelve realmente al fútbol y cuánto termina funcionando como herramienta política dentro de la propia FIFA? El programa de desarrollo, con USD 1,700 millones en 2026, también es presentado como apoyo global, aunque muchos lo leen como un mecanismo de fidelización electoral rumbo al congreso de 2027.
En el otro lado están los gastos. La FIFA prevé gastar USD 3,700 millones, pero las selecciones deberán afrontar mayores costos por distancias, logística e impuestos. Cada equipo recibirá un mínimo de USD 12.5 millones y el campeón USD 50 millones, pero se advierte que varias federaciones recién podrían obtener beneficios reales si llegan a cuartos de final.
Las ciudades anfitrionas tampoco tienen garantizado el gran negocio prometido. La FIFA retiene buena parte de los ingresos, incluso rubros como estacionamientos, mientras las sedes asumen seguridad, infraestructura y operación. El turismo puede ayudar, sí, pero los beneficios indirectos siempre son difíciles de medir y fáciles de exagerar.
El Mundial 2026 será una máquina económica formidable. Pero el reparto de beneficios parece profundamente desigual: la FIFA concentra ingresos, mientras otros absorben riesgos, gastos y presiones.
Reflexión final.
La Copa del Mundo debería ser una fiesta global, no una arquitectura financiera donde la FIFA gana casi siempre y los demás esperan suerte. Cuando el fútbol se administra como caja registradora, el espectáculo sigue brillando, pero su justicia empieza a oscurecerse. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
