El Mundial 2026 empezó con estadios llenos, himnos, camisetas, marcas globales y millones de ojos pendientes del balón. Pero detrás de la fiesta deportiva también aparece una pregunta incómoda: ¿cuánto gana quien dirige el mayor negocio del fútbol mundial? Gianni Infantino, presidente de la FIFA desde 2016, no solo encabeza una federación deportiva. Dirige una maquinaria económica global que mueve derechos televisivos, patrocinios, torneos, audiencias, polÃtica internacional y una pasión que pertenece a los hinchas, pero que cada vez se administra más como una corporación de élite.
Infantino nació en Suiza en 1970, estudió Derecho en la Universidad de Friburgo y construyó su carrera desde el mundo legal y administrativo del fútbol. Antes de llegar a la FIFA, trabajó en la UEFA desde el año 2000, donde ocupó cargos vinculados a asuntos jurÃdicos, licencias de clubes y gestión institucional. Allà ganó experiencia en normas, competiciones, finanzas y regulación deportiva. También se le reconoce por su dominio de varios idiomas, entre ellos italiano, francés, alemán, inglés, español y árabe, una habilidad clave para moverse en el tablero diplomático del fútbol mundial.
Su llegada a la presidencia de la FIFA, el 26 de febrero de 2016, ocurrió en un momento crÃtico. La organización venÃa golpeada por escándalos de corrupción y necesitaba reconstruir credibilidad. Infantino se presentó como el rostro de la renovación, la transparencia y la modernización. Diez años después, la FIFA es más fuerte financieramente, pero también más grande, más influyente y más discutida.
El dato que genera debate es su remuneración. Según la información difundida, Infantino percibe un salario base bruto de 2.6 millones y una prima variable de 2.2 millones, lo que coloca sus ingresos anuales alrededor de 4.8 millones. Traducido al lenguaje común, el presidente de la FIFA gana una cifra que supera ampliamente la remuneración de varios altos ejecutivos del deporte mundial. La comparación con Richard Masters, director ejecutivo de la Premier League, cuya remuneración ronda 1.8 millones de libras, permite entender la dimensión del cargo y del poder económico que representa.
A ello se suma su fortuna personal. Algunos reportes estimaban en 2022 un patrimonio cercano a 1.7 millones de dólares, mientras versiones posteriores lo ubican alrededor de los 15 millones. Además de su posición en la FIFA, se mencionan negocios vinculados a una cadena de hamburguesas en Roma, restaurantes y centros de relajación en distintos paÃses. Estos datos alimentan una imagen inevitable: Infantino no es solo un dirigente deportivo, sino una figura global que combina fútbol, negocios, influencia y poder.
El problema no es que el presidente de la FIFA gane bien. El problema es que el fútbol mundial necesita explicar mejor por qué una industria sostenida por la emoción popular termina concentrando ingresos tan altos en sus principales autoridades. La expansión del Mundial masculino de 32 a 48 selecciones, el crecimiento del Mundial femenino y el nuevo Mundial de Clubes responden a una lógica clara: más partidos, más paÃses, más audiencias, más patrocinadores y más dinero.
Infantino puede exhibir resultados financieros, expansión global y estabilidad institucional. Pero también debe cargar con una pregunta ética: ¿hasta qué punto el fútbol sigue siendo un deporte antes que un negocio? La FIFA presume desarrollo, inclusión y democratización, pero sus cifras salariales revelan una estructura cada vez más parecida a una multinacional del entretenimiento.
Reflexión final
El balón emociona a los pueblos, pero la caja la administran pocos. Ese es el gran contraste. Mientras millones de hinchas compran entradas, pagan suscripciones, camisetas y viajes, la cúpula del fútbol mundial vive en una dimensión económica casi inaccesible. El sueldo de Infantino no solo habla de él. Habla de una FIFA poderosa, millonaria y obligada a rendir cuentas. Porque cuando el fútbol se convierte en negocio global, la transparencia deja de ser un favor: se vuelve una deuda con quienes sostienen la pasión. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
