El Mundial 2026 debía representar la consolidación definitiva de una nueva etapa para la FIFA: más selecciones, mayores ingresos, innovación tecnológica y el torneo más grande de la historia. Sin embargo, mientras el organismo presume cifras récord y una expansión sin precedentes, persiste una pregunta que el fútbol internacional aún no logra responder: ¿la FIFA realmente dejó atrás la crisis de credibilidad que provocó el FIFA Gate o simplemente aprendió a administrar mejor sus consecuencias?
La historia reciente demuestra que el mayor desafío del fútbol mundial ya no está únicamente en la cancha. También se juega en los despachos donde se toman decisiones que mueven miles de millones de dólares y afectan la gobernanza del deporte más popular del planeta.
El escándalo del FIFA Gate en 2015 marcó un antes y un después. Las investigaciones impulsadas por las autoridades de Estados Unidos y Suiza destaparon una red de sobornos, lavado de dinero, fraude y corrupción vinculada a derechos comerciales, contratos televisivos y torneos internacionales. La imagen de varios dirigentes detenidos en un hotel de Zúrich dio la vuelta al mundo y expuso la mayor crisis institucional en los más de cien años de historia de la FIFA.
La llegada de Gianni Infantino a la presidencia en 2016 prometía inaugurar una nueva era basada en la transparencia, la buena gobernanza y la recuperación de la confianza. Diez años después, el panorama es más complejo. Es cierto que la FIFA ha impulsado reformas administrativas, fortalecido algunos mecanismos internos de control y expandido el alcance global del fútbol. Sin embargo, también ha concentrado un poder económico sin precedentes.
El Mundial de 2026 será el más rentable de todos los tiempos. El organismo proyecta ingresos cercanos a los 11.000 millones de dólares gracias a la ampliación a 48 selecciones, el incremento de partidos, los derechos audiovisuales, los patrocinios globales y la comercialización de prácticamente cada espacio vinculado al torneo. Nunca el fútbol produjo tanto dinero. Pero precisamente ese crecimiento exige mayores estándares de transparencia y rendición de cuentas.
Las controversias tampoco han desaparecido. Persisten los debates sobre la elección de sedes, el elevado costo para los aficionados, el creciente peso de los patrocinadores, la expansión del calendario, la influencia política en determinados escenarios internacionales y la aplicación desigual del principio de neutralidad frente a distintos conflictos geopolíticos. A ello se suman recientes cuestionamientos de selecciones, periodistas y jugadores respecto a decisiones organizativas adoptadas durante el Mundial 2026.
Naturalmente, muchas de estas críticas responden a posiciones distintas y no constituyen pruebas concluyentes de irregularidades. Sin embargo, la acumulación constante de cuestionamientos evidencia que la confianza institucional continúa siendo uno de los activos más frágiles del organismo. La transparencia no consiste únicamente en cumplir normas internas, sino en generar la certeza de que todas las decisiones responden a criterios objetivos, verificables y sometidos al escrutinio público.
La FIFA logró superar el terremoto institucional provocado por el FIFA Gate, pero superar una crisis no significa eliminar sus causas. La legitimidad se construye cada día mediante reglas claras, gobiernos abiertos y decisiones que puedan ser explicadas con absoluta transparencia.
Reflexión final
El fútbol mueve emociones, identidades nacionales y miles de millones de dólares. Precisamente por ello, la organización que lo gobierna debe aceptar un nivel de fiscalización equivalente a su enorme poder. El verdadero legado del FIFA Gate no debería limitarse al recuerdo de un escándalo histórico, sino convertirse en una advertencia permanente sobre los riesgos de concentrar demasiado poder sin suficientes mecanismos de control. Porque cuando la confianza comienza a perderse, ningún trofeo, ningún patrocinador y ningún récord de ingresos bastan para recuperar la credibilidad de la institución que dirige el deporte más universal del planeta. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
