El 71% de los peruanos considera que Keiko Fujimori merece una oportunidad para demostrar su capacidad de gobernar. El dato entusiasmará a quienes confunden tolerancia democrática con adhesión incondicional. Sin embargo, una oportunidad no es absolución, cheque en blanco ni permiso para que el poder vuelva a sentirse dueño del Estado.
La encuesta nacional de Ipsos para Perú21 fue aplicada a 1,205 personas entre el 16 y el 19 de julio de 2026. También señala que el 39% observa con preocupación la elección presidencial, frente a un 37% que la recibe con optimismo. Es decir, mientras algunos preparan celebraciones, una parte ligeramente mayor del país mantiene la mano sobre la alarma.
El 42% cree que el Perú estará mejor al concluir el mandato en 2031; el 27% piensa que continuará igual y el 18% teme que estará peor. La esperanza existe, aunque después de tantos gobiernos improvisados, presidentes reemplazables y promesas con fecha de vencimiento, esperar que el país simplemente funcione ya parece una aspiración heroica.
La brecha territorial también merece atención. En Lima, el 79% acepta concederle una oportunidad; en el interior, el respaldo baja al 66%. Asimismo, el 54% de los limeños cree que el país estará mejor en 2031, pero fuera de la capital esa expectativa alcanza solo el 36%. El centralismo vuelve a exhibir su conocida habilidad para mirar el futuro desde una oficina con aire acondicionado, mientras las regiones lo contemplan desde hospitales incompletos, carreteras dañadas y servicios públicos que llegan con retraso.
Las prioridades ciudadanas son menos ceremoniales: 68% exige enfrentar la delincuencia; 45%, combatir la corrupción; 39%, mejorar la salud pública; 33%, la educación; y 32%, reducir la pobreza. No están pidiendo discursos históricos, fotografías oficiales ni otra colección de comisiones. Reclaman seguridad sin autoritarismo, orden sin abusos y honestidad sin fiscales perseguidos ni controles debilitados.
La lucha anticorrupción será la prueba más incómoda. Resulta sencillo prometerla desde un estrado; lo difícil será aplicarla cuando alcance a aliados, congresistas, funcionarios, aportantes o personajes cercanos al poder. Allí terminará la publicidad y comenzará el gobierno.
El 71% no ha entregado el país en propiedad. Ha concedido una oportunidad condicionada a resultados, transparencia, respeto institucional y conducta democrática. La nueva mandataria deberá entender que gobernar no consiste en controlar organismos, repartir cargos o convertir la mayoría política en obediencia automática.
Reflexión final
Keiko Fujimori recibe una oportunidad; el Perú no puede recibir otra decepción. Las encuestas pueden medir esperanza, preocupación u optimismo, pero no sustituyen la vigilancia ciudadana. Porque cuando el poder interpreta la paciencia como sumisión, la democracia termina pagando una factura que nunca autorizó.
Ficha técnica publicada: Encuesta nacional de Ipsos para Perú21; muestra de 1,205 personas; trabajo de campo realizado entre el 16 y el 19 de julio de 2026. La nota periodística consultada no publica el sistema de muestreo, el margen de error, el nivel de confianza, la técnica de recolección ni la distribución geográfica completa. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
