Alcohol en adolescentes: señales para actuar y proteger su salud

El consumo de alcohol durante la adolescencia puede comenzar de manera ocasional, casi imperceptible para la familia, pero sus consecuencias pueden afectar la salud, el aprendizaje y las relaciones personales. Por ello, la prevención no debe limitarse a prohibir: requiere observar, escuchar, dialogar y acompañar oportunamente a los hijos.

El psiquiatra del Ministerio de Salud, Miguel Hinojosa, advierte que existen señales que podrían indicar un posible consumo. Entre ellas se encuentran la fatiga constante, los ojos enrojecidos, los vómitos sin explicación, el descuido de la higiene personal, el aislamiento prolongado, el hermetismo sobre las amistades y las reacciones irritables frente a las normas familiares.

En el ámbito escolar, la disminución del rendimiento académico, las inasistencias o el desinterés por los estudios también merecen atención. Asimismo, pueden aparecer nuevos grupos de amigos, actividades poco conocidas por los padres y pedidos frecuentes de dinero. Ninguna señal aislada confirma necesariamente un consumo problemático, pero la presencia simultánea de varios cambios justifica una conversación serena y responsable.

La prevención resulta especialmente importante porque el cerebro humano continúa desarrollándose hasta aproximadamente los 25 años. El alcohol puede alterar funciones relacionadas con la memoria, el autocontrol, el aprendizaje y la toma de decisiones. Cuanto más temprano y frecuente sea el consumo, mayor puede ser el impacto en el desarrollo físico, emocional y cognitivo.

Los padres cumplen un papel decisivo. Permitir que los adolescentes beban en casa con la idea de “enseñarles a consumir” puede normalizar una conducta riesgosa. Es más saludable dar el ejemplo, evitar asociar el alcohol con la diversión y promover actividades como el deporte, el arte, la lectura, la música y los encuentros familiares.

La comunicación debe ser abierta, respetuosa y constante. Escuchar sin juzgar facilita que los adolescentes expresen sus preocupaciones y pidan ayuda. Las normas claras funcionan mejor cuando están acompañadas de afecto, coherencia y explicaciones sobre sus motivos.

En conclusión, detectar un posible consumo de alcohol no debe convertirse únicamente en motivo de castigo o conflicto. Es una oportunidad para acercarse, comprender lo que ocurre y buscar orientación profesional. Los establecimientos de salud y los Centros de Salud Mental Comunitaria cuentan con especialistas que pueden evaluar cada caso y ofrecer el tratamiento necesario.

La reflexión final es esencial: proteger a un hijo no significa vigilarlo permanentemente, sino construir una relación de confianza que permita reconocer los riesgos y enfrentarlos juntos. La presencia, el ejemplo y el diálogo familiar pueden convertirse en las herramientas más valiosas para cuidar su futuro. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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