¿Tiene Gianni Infantino los votos para gobernar hasta el 2031?

Gianni Infantino quiere permanecer al frente de la FIFA hasta 2031, pero la reelección que hace apenas unos meses parecía diseñada como una ceremonia de adhesiones hoy se ha convertido en una operación de supervivencia política. El fracaso de FIFA Forward Enterprise —el proyecto que pretendía abrir al capital privado una parte del negocio del Mundial— destruyó la imagen de unanimidad que había construido durante una década y reveló una presidencia acostumbrada a decidir primero y consultar después.

Lo más revelador es que la discusión ya no gira alrededor del proyecto. Ahora el debate mundial es otro: ¿todavía tiene Infantino los votos suficientes para seguir gobernando la FIFA?

Para ser reelegido en marzo de 2027 necesita 106 votos de las 211 asociaciones nacionales. Sobre el papel, aún parece una cifra alcanzable. En la práctica, la situación se ha vuelto mucho más incierta.

Europa ya dejó de ser un aliado. La UEFA mantiene su amenaza de boicot y sostiene que la disculpa presentada por la FIFA no cambia el fondo del problema. Inglaterra, Gales, Noruega y otras asociaciones han retirado o revisado su respaldo, mientras aumenta la presión para que aparezca un candidato alternativo. Incluso figuras del fútbol europeo respaldan públicamente la postura de la UEFA, una señal de que la crisis ya trascendió los despachos.

Infantino intenta compensar esas pérdidas consolidando el apoyo de África, donde la CAF ratificó nuevamente su respaldo, y preservando parte de Asia. Sin embargo, tampoco allí existe la tranquilidad de hace unos meses. Varias federaciones asiáticas cuestionaron la forma en que se presentó el proyecto y exigieron revisar la gobernanza de la FIFA, mientras otras continúan apoyándolo.

El panorama sudamericano resulta el más incómodo. Mientras Europa discute transparencia y Norteamérica exige reformas, las diez federaciones de la Conmebol optaron por blindar políticamente a Infantino bajo el liderazgo de Alejandro Domínguez. El respaldo público anunciado en las últimas horas confirma que la región continúa alineada con la actual conducción de la FIFA y, además, impulsa intereses comunes como la ampliación de la participación sudamericana en el Mundial 2030.

No es casualidad que Alejandro Domínguez, Francisco Egas y Claudio «Chiqui» Tapia permanezcan en la primera línea de esa defensa. La continuidad de Infantino significa también la continuidad del modelo político que hoy domina la Conmebol. Una derrota del presidente de la FIFA abriría inevitablemente un reordenamiento de poder que pondría bajo presión a toda la actual dirigencia sudamericana.

Paradójicamente, las noticias de hoy muestran un escenario dividido. Mientras Noruega exige abiertamente la renuncia de Infantino y la UEFA mantiene viva la amenaza de nuevas medidas, México y Argentina decidieron respaldarlo públicamente, evidenciando que la batalla electoral apenas comienza y que ninguna mayoría está completamente consolidada.

Infantino conserva recursos, estructura y aliados relevantes. Pero perdió el activo más valioso que tenía hace apenas unas semanas: la sensación de invulnerabilidad. Hoy necesita administrar crisis, recuperar confianza y evitar que la oposición encuentre un candidato capaz de unificar el voto disidente.

Reflexión final
La elección de 2027 ya no decidirá únicamente quién presidirá la FIFA hasta 2031. Decidirá qué modelo de gobierno prevalecerá en el fútbol mundial: uno basado en instituciones robustas y rendición de cuentas, o uno sostenido por alianzas políticas, dependencias económicas y silencios estratégicos.

Infantino todavía puede ganar. Pero si lo hace gracias a federaciones que prefieren proteger cargos, favores o intereses antes que exigir transparencia, la victoria será electoral, no moral. Y el mayor derrotado no será un dirigente: será la credibilidad del fútbol mundial. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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