Los Juegos Panamericanos Lima 2027 avanzan entre cronogramas, remodelaciones, presupuestos y discursos optimistas. Todo parece encaminado mientras el clima coopere y la naturaleza no altere el libreto. Pero justamente allí está la pregunta que nadie debería esquivar: ¿existe un plan integral, público y verificable de prevención, mitigación, contingencia y continuidad operativa ante El Niño, lluvias intensas, inundaciones, huaicos, sismos u otros desastres naturales?
Porque en el Perú conocemos demasiado bien una vieja costumbre: planificar la ceremonia con meses de anticipación y la emergencia cuando ya ocurrió.
El riesgo no comienza el día que se encienda la antorcha. Empieza mucho antes. Obras, remodelaciones, instalaciones temporales, sistemas eléctricos, telecomunicaciones, accesos, transporte, almacenamiento de equipos y escenarios deportivos pueden sufrir retrasos o daños durante toda la etapa previa.
Por eso, Lima 2027 no puede limitarse a tener un protocolo de evacuación guardado en una carpeta. Necesita mapas de riesgo por sede, escenarios alternativos, rutas de emergencia, protocolos de recuperación rápida, presupuestos de contingencia, simulacros periódicos y una cadena de mando perfectamente definida.
Y todo eso debería conocerse públicamente. No corresponde afirmar que el plan no existe sin evidencia. Pero tampoco corresponde aceptar el silencio como prueba de preparación. Si existe, que se publique. ¿Qué sedes son vulnerables? ¿Qué ocurre si una obra queda inoperativa? ¿Qué estadio reemplaza a otro? ¿Quién decide una suspensión? ¿Cuánto dinero está reservado para contingencias? ¿Qué capacidad existe para recuperar una instalación crítica en 24, 48 o 72 horas?
Eso no es alarmismo. Es gestión profesional. Lo preocupante es que el Estado peruano tiene una larga tradición de reaccionar después del daño: primero viene la emergencia, luego la declaratoria, después la compra urgente y finalmente la explicación. Ese modelo puede ser habitual en la burocracia, pero sería imperdonable en un evento continental que exige estándares internacionales.
Los Panamericanos Lima 2027 no pueden depender de que el clima tenga buena voluntad. El verdadero nivel de una organización se conoce cuando algo sale mal. Si el plan existe, debe mostrarse. Si no existe, debe elaborarse con urgencia.
Reflexión final
El Niño no entiende de discursos, cronogramas ni ceremonias. Tampoco espera la aprobación de un comité. La pregunta no es si Lima 2027 tendrá problemas. La pregunta es si está preparada para enfrentarlos sin improvisar, gastar de emergencia y buscar culpables después.
Porque un país serio previene antes de inaugurar. El que improvisa, inaugura primero y explica después. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
